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La playa virgen del espacio natural de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Cuando se dice Matalascañas suenan músicas diferentes según quien oiga tan extraña palabra. Desde paraíso veraniego de la infancia (y adultez), a imperdonable atentado contra Doñana, o centro de las vacaciones del 'miarmismo'. El nacimiento de la macro urbanización de Matalascañas se puede considerar inevitable. Ya acogía a veraneantes desde principios del siglo XX, cuando los habitantes de, al menos, medio pelo económico de los pueblos del entorno se pagaban

Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un toro de la raza mostrenca con un desparasitador en la cabeza. Foto: José María Pérez de Ayala. Antes de convertirse en parque nacional en 1969 Doñana era, además de cazadero de la high class, el lugar de trabajo para muchos de los habitantes del entorno, bastantes de los cuales vivían allí. Hoy día el trabajo dentro del antiguo coto de caza sólo está vinculado a tareas de conservación, de ecoturismo y científicas, y nadie reside dentro, ni siquiera en el palacio de Marismillas, sin

(Fotografía de José María Pérez de Ayala) Durante siglos, casi nada importante, al menos desde nuestra mentalidad siglo XXI, pasó en el cazadero llamado Doñana, donde personajes high class disfrutaban del ocio que les proporcionaba disparar a la fauna animal y recibir las atenciones de los ayudantes sanluqueños. Hay que esperar a que cambie el siglo en 1900 para anotar que los Medina Sidonia venden su finca. Se hace con ella la nobleza bodeguera de Jerez, y en concreto a Guillermo Garvey, la mayor fortuna