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Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un mercante parece surcar la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. Al viento y al Guadalquivir se le pueden adjudicar el haber convertido un trozo de Atlántico en un casi lago, el famoso Ligustinus, y posteriormente una marisma. Uno empujaba arena, y el otro aportaba sedimentos. El río ha sido durante siglos sobre todo más frontera que otra cosa para Doñana. Bien lo saben los guardas históricos, que tenían mayores problemas con los furtivos llegados a pie desde el lado de Huelva que con

Un toro de la raza mostrenca con un desparasitador en la cabeza. Foto: José María Pérez de Ayala. Antes de convertirse en parque nacional en 1969 Doñana era, además de cazadero de la high class, el lugar de trabajo para muchos de los habitantes del entorno, bastantes de los cuales vivían allí. Hoy día el trabajo dentro del antiguo coto de caza sólo está vinculado a tareas de conservación, de ecoturismo y científicas, y nadie reside dentro, ni siquiera en el palacio de Marismillas, sin

Los primeros turistas que llegaron a Doñana no recalaron en Matalascañas, que ni existía, sino en el Palacio de Doñana cuando ya los gestionaban los biólogos. Y sufrieron el clásico sablazo al viajero en tierra extraña. En verdad, el dinero que se les sacaba tenía como fin la mera supervivencia de la Estación Biológica, creada en 1965 con tan pocos recursos que se improvisó una solución nada ortodoxa. José Antonio Valverde, el primer director de la Estación y del parque, invitaba a adinerados extranjeros

Este artículo tiene algo de pequeña exclusiva. Trata sobre el muy poco conocido reportaje que dio a conocer a la opinión pública internacional ese jardín cerrado llamado Doñana. Pero no el conocimiento del Coto en charlas de coñá y puro entre cazadores de la high class europea, sino entre esa tribu escasa y todavía marginal en España, por el contrario tan asentada  en el mundo occidental, de los naturalistas. Se trata de un amplísimo despliegue sobre Doñana en la mítica revista National Geographic, nada

La creación del parque nacional de Doñana estaba lejos en 1957. Pero la expedición de extranjeros, la Doñana Expedition, que apareció por allí fue clave para que toda Europa terminara conociendo ese espacio y los peligros que sufría.

(Por la izquierda, Antonio Chico, José Antonio Valverde, Mauricio González y Pedro Weickert. Fotografía: Banco de Imágenes del CSIC) Dos jóvenes de 29 y 26 años se conocieron un día de 1952 y ya nada sería igual para ninguno de los dos. Ni para Doñana. El mayor, Mauricio González Gordon; el joven, José Antonio Valverde. Uno terrateniente, alto, cosmopolita; otro aspirante a científico, bajito y tísico. Dos almas gemelas en lo que viene a cuento en nuestra historia: ellos no van a la naturaleza