Estación Biológica de Doñana – Doñana 50
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Una bandada de patos sobre el cerro de los ánsares. Foto: José María Pérez de Ayala. No es un científico, pero su sapiencia es indiscutida entre todos los investigadores. José María de Vayas, guarda, 40 años de trabajo desde 1973, se hace una pregunta con frecuencia como reveló en este blog: “¿qué es lo que queremos de Doñana?” La cuestión es de una densidad evidente, propia de un doñanero, pero existe al menos una respuesta, y se llama ciencia. El

Una yegua con su perfil mágicamente recortado por la luz en la vera de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Magallanes y Elcano no vieron en 1519 más coto que el que divisa un turista playero insensible del siglo XXI: la línea de horizonte al otro lado del Guadalquivir. En verdad, los descubridores no estaban para excursiones al interior del bosque de las Rocinas, pues iban a zarpar a una misión colosal. Tanto que, de los 237 hombres que partieron, en 5 naos, volvieron

Cientos de flamencos alzan el vuelo en la marisma virgen de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Con su gracejo habitual, el biólogo y escritor Miguel Delibes me contaba así en una entrevista cómo fue, en resumen, el paso de Grande Covián por las marismas a efectos del parque de Doñana: “rozó el poste”. Este ingeniero agrónomo tenía como encargo y misión personal el poner en cultivo a las marismas, esa zona insalubre. Afirma Delibes: “No ganó Grande Covián por

Caballos mustang, o mesteños, en Oregon. Foto: Gogo Lobato. Antonio Márquez es muchas cosas. Cámara experto en rodajes subacuáticos, responsable de Oceánidas (asociación para el estudio y defensa del medio marino), de la Red de Vigilantes Marinos (que cuida, limpiando, nuestros mares), y realizador de documentales. El último se centra en los mustang, también llamados mesteños, el salvaje y libre caballo estadounidense que partió siglos atrás desde las marismas, desde Doñana. Se halla en pleno proceso de exhibición en festivales. Este mes se estrena en

El oleaje rompe en la playa de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Este agosto se cumplen 50 años de la decisión del Consejo de Ministros que creaba el parque nacional de Doñana. Sería el 16 de octubre cuando el Boletín Oficial del Estado publicase formalmente la decisión, marcando sus primeros límites territoriales. Durante cuatro entradas, y esta es la primera, vamos a reflexionar, gracias a un grupo de expertos doñaneros, sobre diversas circunstancias. Son reportajes que he publicado en el diario El

Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un toro de la raza mostrenca con un desparasitador en la cabeza. Foto: José María Pérez de Ayala. Antes de convertirse en parque nacional en 1969 Doñana era, además de cazadero de la high class, el lugar de trabajo para muchos de los habitantes del entorno, bastantes de los cuales vivían allí. Hoy día el trabajo dentro del antiguo coto de caza sólo está vinculado a tareas de conservación, de ecoturismo y científicas, y nadie reside dentro, ni siquiera en el palacio de Marismillas, sin

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