duques de Medina Sidonia – Doñana 50
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Un rayón de jabalí sorprendido en el monte de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Doñana ha acogido durante siglos, y sigue acogiendo, encuentros de ocio de muy elevados líderes mundiales. Citas que cuentan con el añadido acabar teniendo consecuencias, políticas o de negocios. Una visita poco conocida fue, paradójicamente, de las de mayor nivel. El rey Alfonso XIII acompañó al heredero del trono de Inglaterra y su hermano a cazar al coto. Esos dos señores no serían más adelante cualesquiera, pues protagonizaron un

Una yegua con su perfil mágicamente recortado por la luz en la vera de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Magallanes y Elcano no vieron en 1519 más coto que el que divisa un turista playero insensible del siglo XXI: la línea de horizonte al otro lado del Guadalquivir. En verdad, los descubridores no estaban para excursiones al interior del bosque de las Rocinas, pues iban a zarpar a una misión colosal. Tanto que, de los 237 hombres que partieron, en 5 naos, volvieron

La cartografía de un lugar como Doñana, tan poco habitado, periférico e incluso salvaje, se ha realizado casi siempre de forma más bien intencionada que precisa. Incluso cuando José Antonio Valverde se adentra en la marisma, con el guarda Clarita y unas monturas, para conocer el territorio, parte con afán descubridor. Al acabar en La Puebla el recorrido días después, comenta que sólo tuvo que atravesar tres o cuatro cercas, “señal de que había pocos propietarios” . Este

Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un mercante parece surcar la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. Al viento y al Guadalquivir se le pueden adjudicar el haber convertido un trozo de Atlántico en un casi lago, el famoso Ligustinus, y posteriormente una marisma. Uno empujaba arena, y el otro aportaba sedimentos. El río ha sido durante siglos sobre todo más frontera que otra cosa para Doñana. Bien lo saben los guardas históricos, que tenían mayores problemas con los furtivos llegados a pie desde el lado de Huelva que con

Un toro de la raza mostrenca con un desparasitador en la cabeza. Foto: José María Pérez de Ayala. Antes de convertirse en parque nacional en 1969 Doñana era, además de cazadero de la high class, el lugar de trabajo para muchos de los habitantes del entorno, bastantes de los cuales vivían allí. Hoy día el trabajo dentro del antiguo coto de caza sólo está vinculado a tareas de conservación, de ecoturismo y científicas, y nadie reside dentro, ni siquiera en el palacio de Marismillas, sin

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