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Foto: José María Pérez de Ayala 340 millones de euros para desarrollo sostenible. A principios de los años 90, tras la intensa polémica que finalmente acabó con el proyecto turístico Costa Doñana, la comarca se encontró con una cifra descomunal y una gran oportunidad. A finales de esa década, tras el vertido minero de Boliden Apirsa, apareció la segunda, el programa Doñana 2005, dotado con 130 millones. Hoy, con perspectiva, nadie se atreve a afirmar que fueran precisamente aprovechadas al máximo. Tercera entrega en la

Sanlúcar de Barrameda desde el mar. Foto: José María Pérez de Ayala. A mediados de los años 50, la compañía Chevrol Oil buscó petróleo dentro de Doñana. En 1974, el Gobierno anunció una central nuclear entre Matalascañas y Mazagón. Otros tiempos, pero en el entorno del primer espacio protegido en Andalucía siguen en 2019 las tensiones por el uso de ese territorio y sus recursos. En su 50 aniversario, en Doñana se sigue debatiendo a gritos sobre desarrollo y conservación. El conflicto con los agricultores

El oleaje rompe en la playa de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Este agosto se cumplen 50 años de la decisión del Consejo de Ministros que creaba el parque nacional de Doñana. Sería el 16 de octubre cuando el Boletín Oficial del Estado publicase formalmente la decisión, marcando sus primeros límites territoriales. Durante cuatro entradas, y esta es la primera, vamos a reflexionar, gracias a un grupo de expertos doñaneros, sobre diversas circunstancias. Son reportajes que he publicado en el diario El

Unos correlimos buscan su pesca en la zona inter mareal. Foto: José María Pérez de Ayala. La pesca nunca ha sido relevante dentro de Doñana, en sus marismas y lucios. El agua, que va y viene de ellos según la estación, no genera un ambiente propicio para acoger una fauna piscícola digna del esfuerzo de ser capturada. Y luego comida, que es la pragmática relación con el animal que durante siglos tuvo el hombre. Otra cosa son los caños que conectan con el vecino cauce

Bandadas de diversas especies en un lucio. Foto: José María Pérez de Ayala. Juan Villa cuenta con la admiración del entrevistador hacia su talento como investigador y escritor, advierto. Es el gran cronista de la comarca de Doñana, de su historia más delicada: la que imbrica territorio y ecosistemas, con personas y sociedades. La lectura de sus libros permite adentrarse de verdad en Doñana, pues conoce las claves más ocultas para orientarse, mapa emocional en mano, por el viejo coto. Juan Villa en la Rocina, seca

La playa virgen del espacio natural de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Cuando se dice Matalascañas suenan músicas diferentes según quien oiga tan extraña palabra. Desde paraíso veraniego de la infancia (y adultez), a imperdonable atentado contra Doñana, o centro de las vacaciones del 'miarmismo'. El nacimiento de la macro urbanización de Matalascañas se puede considerar inevitable. Ya acogía a veraneantes desde principios del siglo XX, cuando los habitantes de, al menos, medio pelo económico de los pueblos del entorno se pagaban

Un toro cruza en Doñana la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. En el territorio hostil de la naturaleza virgen, hay un temor que empapa al habitante. Es el miedo a morir, a ser atacado, a la vida salvaje. Doñana hizo pasar por ese trance a quien vivía en ella. Allí han vivido animales que matan, todavía existen algunos. Sin embargo, para sorpresa de muchos, el animal que más muerte y enfermedad ha causado en Doñana y su entorno se fulmina de un manotazo: el

Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un mercante parece surcar la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. Al viento y al Guadalquivir se le pueden adjudicar el haber convertido un trozo de Atlántico en un casi lago, el famoso Ligustinus, y posteriormente una marisma. Uno empujaba arena, y el otro aportaba sedimentos. El río ha sido durante siglos sobre todo más frontera que otra cosa para Doñana. Bien lo saben los guardas históricos, que tenían mayores problemas con los furtivos llegados a pie desde el lado de Huelva que con

Los reyes españoles han cazado en Doñana en gran número, desde el siglo XIII. El que más, Alfonso XIII, aunque también lo hizo su nieto Juan Carlos I. El actual rey, Felipe VI, no caza, e incluso tiene notable afición ambiental.