Almonte – Doñana 50
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Una yegua con su perfil mágicamente recortado por la luz en la vera de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Magallanes y Elcano no vieron en 1519 más coto que el que divisa un turista playero insensible del siglo XXI: la línea de horizonte al otro lado del Guadalquivir. En verdad, los descubridores no estaban para excursiones al interior del bosque de las Rocinas, pues iban a zarpar a una misión colosal. Tanto que, de los 237 hombres que partieron, en 5 naos, volvieron

La cartografía de un lugar como Doñana, tan poco habitado, periférico e incluso salvaje, se ha realizado casi siempre de forma más bien intencionada que precisa. Incluso cuando José Antonio Valverde se adentra en la marisma, con el guarda Clarita y unas monturas, para conocer el territorio, parte con afán descubridor. Al acabar en La Puebla el recorrido días después, comenta que sólo tuvo que atravesar tres o cuatro cercas, “señal de que había pocos propietarios” . Este

Caballos mustang, o mesteños, en Oregon. Foto: Gogo Lobato. Antonio Márquez es muchas cosas. Cámara experto en rodajes subacuáticos, responsable de Oceánidas (asociación para el estudio y defensa del medio marino), de la Red de Vigilantes Marinos (que cuida, limpiando, nuestros mares), y realizador de documentales. El último se centra en los mustang, también llamados mesteños, el salvaje y libre caballo estadounidense que partió siglos atrás desde las marismas, desde Doñana. Se halla en pleno proceso de exhibición en festivales. Este mes se estrena en

Sanlúcar de Barrameda desde el mar. Foto: José María Pérez de Ayala. A mediados de los años 50, la compañía Chevrol Oil buscó petróleo dentro de Doñana. En 1974, el Gobierno anunció una central nuclear entre Matalascañas y Mazagón. Otros tiempos, pero en el entorno del primer espacio protegido en Andalucía siguen en 2019 las tensiones por el uso de ese territorio y sus recursos. En su 50 aniversario, en Doñana se sigue debatiendo a gritos sobre desarrollo y conservación. El conflicto con los agricultores

La playa virgen del espacio natural de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Cuando se dice Matalascañas suenan músicas diferentes según quien oiga tan extraña palabra. Desde paraíso veraniego de la infancia (y adultez), a imperdonable atentado contra Doñana, o centro de las vacaciones del 'miarmismo'. El nacimiento de la macro urbanización de Matalascañas se puede considerar inevitable. Ya acogía a veraneantes desde principios del siglo XX, cuando los habitantes de, al menos, medio pelo económico de los pueblos del entorno se pagaban

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