Mil y una polémicas – Doñana 50
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Mil y una polémicas

El oleaje rompe en la playa de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Este agosto se cumplen 50 años de la decisión del Consejo de Ministros que creaba el parque nacional de Doñana. Sería el 16 de octubre cuando el Boletín Oficial del Estado publicase formalmente la decisión, marcando sus primeros límites territoriales.

Durante cuatro entradas, y esta es la primera, vamos a reflexionar, gracias a un grupo de expertos doñaneros, sobre diversas circunstancias. Son reportajes que he publicado en el diario El Mundo.

En el verano de 1969 se produjeron tres hechos, simultáneos, que resultan hasta premonitorios.  El Gobierno declaró de interés turístico la urbanización de Matalascañas; la FAO dio su visto bueno a los regadíos en el entorno del Rocío; y se creó el parque nacional de Doñana. Hoy, 50 años después, ha cambiado la letra, pero no la música del avispero que resulta esta convivencia entre desarrollo y sostenibilidad. Un grupo de personas que gestionan de una forma u otra el territorio reflexionan sobre el ecosistema socio-natural que es Doñana.

“Una vez, acompañé a un biólogo de Kazajistán y, ya en el Palacio de Doñana, en el corazón del parque, me preguntó que cuándo íbamos a llegar a Doñana: no veía la virginidad que imaginó“, recuerda Juanjo Negro, ex director de la Estación Biológica. Doñana es creación del hombre y, a la par, paraíso ecológico. La presión humana del entorno hace “poco natural” un espacio que lucha por mantenerse como ejemplo de conservación en sus cuatro ecosistemas. El esfuerzo es titánico y lleno de conflictos.

Ciervos entre pinares en Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Uno de los sectores que humanizan el espacio es el ganadero. Unas 1.700 vacas y caballos pastan en su interior. El secretario de la Asociación de Ganado Marismeño, Sergio Nogales, cree que Doñana “tiene una gestión complicadísima, es de grandes dimensiones y con variados aprovechamientos,  hasta se produce entrada de droga”. Esta complicación nace del cruce de intereses. “Para el que piensa como agricultor o en explotar el medio, Doñana es un limitante; quien mira el ecoturismo, Doñana es una mina de oro”.

En un rincón desconocido, donde acaba el arrozal y se unen río y parque nacional, se ubica Veta la Palma. Este espectacular espacio para la acuicultura natural tiene como responsable de calidad y medio ambiente al biólogo Miguel Medialdea. “Hay que convencer al entorno de que no solo lo económico es el impulso para la conservación. La conservación es una lucha continua sin ninguna pretensión de ganar la batalla inmediatamente”, afirma en una ‘factoría’ con visitas de 250 especies de aves, propiedad del gigante Ebro Foods.

Más que un club

“Doñana es más que una simple economía, tiene multitud de valores culturales, biológicos… ¿qué supone el FC Barcelona para Barcelona, solamente dinero? No, hay un compendio de valores no cuantitativos”, reflexiona desde Veta la Palma.

Los valores de Doñana incluyen los culturales. Nadie debate esto. Pero en los matices se halla el conflicto, algo tan ‘natural’ aquí. Juanjo Negro afirma que “predominan demasiado los aspectos culturales sobre los naturales, y hay un interés casi patológico en aplastar éstos. Parece que los únicos que pueden hablar con propiedad de Doñana son los agricultores de la fresa, los hermanos mayores o los que viven allí y, todos los demás, fueran invasores”.

Foto: José María Pérez de Ayala.

Hermelindo Castro fue el director general de todos los espacios protegidos andaluces de 2000 a 2004, y luego coordinador de Doñana 2005. “Doñana sigue en su laberinto, todo el mundo se disfraza de su papel –ecologista, científico, político…– y cuando llega a Doñana, que es como un anfiteatro súper iluminado, ya es su personaje, la gente se ‘doñaniza’”.

Ni patos ni gatos

Castro ha vivido el salir escoltado por la Guardia Civil del Ayuntamiento de Villamanrique. Cientos de exaltados gritaban ‘ni gatos ni patos’ para dejarle claro que el camino rural al Rocío, donde habían muerto atropellados seis linces en meses, sería asfaltado como carretera sí o sí.

“Siempre faltó en Doñana un espacio compartido de lo que piensan cada uno de los sectores. Como todos se disfrazan de su gremio, la posibilidad de buscar propuestas consensuadas es muy difícil, los focos de Doñana son brutales”, añade este reconocido experto, también ex presidente de Europarc España.

Cierto pesimismo embarga también al director más longevo de Doñana, Alberto Ruiz Larramendi, 12 años al mando. “La conflictividad será su estigma casi siempre, no tiene solución por algo sencillo: esta incrustada en un territorio totalmente transformado: en un radio de 100 km hay más de 2 millones de personas y la zona más vital de Andalucía en lo económico”.

Dos millones de personas

Larramendi considera que los problemas internos, de gestión, “prácticamente han desaparecido, hay un buen acuerdo con el territorio, por ejemplo con el ganado; las tensiones derivan de los aprovechamientos exteriores, en particular los agrícolas. Deben mantenerse, porque vive mucha gente; pero Doñana también, es un patrimonio de todos.

Si alguien tiene experiencia al mando es Francisco Bella, alcalde de Almonte durante 20 años, respetado en su pueblo y criticado fuera. “La cosa ha empeorado”, afirma quien ha vuelto a ganar las elecciones tras crear su propio partido. “No hemos avanzado y reaparecen conflictos por la lejanía con la gente, como en la agricultura, en el turismo, y sobre todo sociales”.

Él sigue en su tesis principal: “Almonte sufre sacrificios, es evidente; aquí alguien debería pensar qué hacer que no perjudique y genere beneficios, la gente tiene la sensación de que se la ha quitado uso del territorio, que se les considera enemigos del espacio cuando, por ejemplo, no cabe duda de que el incendio del 2017 se paró gracias a los agricultores”.

Parque autista y Consejería desaparecida

Bella, que no es alcalde tras un pacto de todos contra él, considera que “la estructura del parque nacional es autista, de la Consejería no han aparecido, y hay ayuntamientos que piensan que Doñana va a dar mucho dinero y, si no lo hay, se van”.

Juanjo Negro tiene sus propios señalados en este paisaje. “Lo peor son las barbaridades de científicos que se han vendido, que es una forma perversa de prevaricación; expresan opiniones no científicas que intentan hacer pasar por tales por interés”. Hermelindo Castro lamenta recordar a “algunos gestores que actuaban como investigadores, y algunos investigadores que querían actuar como gestores; todos se sentían con fuerza moral para que su opinión se convirtiera en gestión, los papeles estaban solapados”.

En Doñana hay quien no quiere a Doñana. “Hay personas aquí que no están de acuerdo con la existencia del parque porque les limita; yo no comparto esa idea, pero lo puedo entender”, afirma el presidente de la cooperativa que realiza las visitas, Gonzalo Dorado.

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