El último marqués – Doñana 50
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El último marqués

Día de asueto en Marismillas hacia los años 50, con uno de los Morenés de pie a la izquierda. Foto: archivo familia Morenés.

Carlos Morenés y Mariátegui, actual marqués del Borghetto, representa el último exponente de los nobles propietarios que durante mil años fueron dueños consecutivamente de Doñana. La historia que vincula a su familia con Doñana empieza cuando los Garvey compran a los duques de Medina Sidonia el coto en 1900; en 1941 vendieron la mitad a un trío de bodegueros, cazadores y marqueses (Noguera-Carrizosa-González); y finalmente ‘rindieron la plaza’, simbolizada en el Palacio de Marismillas, la casa de caza familiar, que venden al Estado al declararse el parque nacional. Es el edificio que ahora utiliza Protocolo del Gobierno para acoger sus compromisos, y los presidentes usan para veranear. Carlos Morenés ha escrito un magnífico libro, Historia del coto de Doña Ana, con fotos, planos y dibujos de su extenso archivo. En él da su punto de vista sobre la finca que fue de su familia y de su juventud.

Esta entrevista se la realicé en 2011 para el documental ‘El hombre que salvó el paraíso’, de Savitel Producciones para Canal Sur, cuyo guión escribí. Se reproduce con mucha más amplitud. Y creo que da suculentas pistas sobre un punto de vista nunca antes oído: el del último marqués.

Carlos Morenés y Mariátegui.

¿Cómo era la Doñana de 1952, la que conoce José Antonio Valverde?Era un coto todavía en manos de particulares. La Marismilla y el palacio ya eran fincas independientes porque mi abuelo Borghetto vendió en el 41 poco más de la mitad del coto a una sociedad compuesta por el marqués del Merito, por Salvador Noguera y por Manuel González. Por tanto, el coto estaba en un momento de esplendor, como siguió hasta los años 80 y 85. Era una finca totalmente distinta en muchos aspectos respecto  a lo que hoy se puede apreciar.

Uno de los componentes básicos de la construcción de Doñana como paraíso fueron sus soledades ancestrales. En esos años 50 Doñana estaba escasamente habitada y visitada, esas soledades permitían que la fauna y sobre todo los elementos mas agrestes –como el lince o el águila imperial- no tuvieran perturbación. Puedo contar que mi abuelo, Felipe Morenés, tenía absolutamente prohibido que los guardas llevaran a nadie a las zonas donde estaban criando las águilas imperiales y los linces.

Cuénteme un día normal para usted en aquella Doñana. Era joven, mi padre era el ultimo propietario con sus hermanos, y para nosotros ir al coto era como ir al paraíso, rodeado todo de aventura y misterio. Llegar de Jerez a Bonanza, embarcar y cruzar el guadalquivir, y ver el coto que se acercaba poco a poco… Entonces no se cruzaba enfrente, sino hacia arriba, donde estaba el muelle de la plancha que fue destruido por un barco de carga, 20 minutos de travesía.

Desembarcábamos con riesgo de caer en aquellas aguas turbias y violentas que había por debajo del muelle, Allí nos espeaban unos caballos, porque no habia coches todoterreno, y a la mañana siguiente por la mañana se hacían distintos planes.

Si era en verano se iba a la playa, pasando una travesía del pinar donde los mosquitos nos comían vivos. Si era en invierno, igual habia una tirada de algo, y acompañábamos a nuestros padres o a dar un simple paseo. Yo era muy aficionado a pasearme a caballo con el guarda mayor, Juan Espinar, una persona maravillosa y mi maestro en muchas cosas. Con él aprendi una de las grandes lecciones de la naturaleza: no se puede ir ni un poco más allá de lo que se debe ir. Ha sido a la vez uno de los grandes problemas de Doñana, porque la ciencia, la investigación, ha ido mucho más allá de lo que debía, y ha hecho verdadero daño en Doñana.

Alfonso XIII, en medio, con otros nobles cazadores en Doñana. Foto: Familia Morenés.

¿Y cómo era el día a día en Doñana de sus trabajadores? Doñana era un lugar completamente aislado donde sólo vivían los que trabajaban allí, tenía muy pocas visitas. El coto, como decía Juan Espinar, le quitó el hambre a mucha gente en la posguera y también luego. Quizás en aquella época daba más jornales Doñana de los que da hoy. Por ejemplo en la Marismilla había bastantes tipo de oficios, todo lo relacionado con la madera -cavadores, piñeros, carboneros…- y había arrendatarios de pastos, de huertos, de navazos…

En la Marismilla habría unas 60 personas trabajando, más 10 o 12 fijas de servicio. Y otros factores ayudaron a comer a la gente, como recoger huevos de la marisma. En la posguerra tanto mi abuelo como los guardas fueron permisivos y humanos, y permitieron cosas que hoy no se autorizarían.

El famoso palacio de Marismillas, aún sin muro, y con varios ciervos colgando de los palos colocados para justo eso después de la montería. Foto: familia Morenés.

¿Allí dentro había más o menos hambre que fuera en los años 40?

La gente que vivia en Doñana se autoabastecía de alimentación, de remedios para su salud, y tenía poco contacto con Sanlúcar. En Sanlúcar nacían y morían. Cruzar el río a Sanlúcar sólo se hacía en casos imprescindibles. La casa les daba el derecho a tener su propio huerto, y nunca se le castigaba por el hecho de matar unos conejitos.

A pesar de eso, el estricto control que había en Doñana era ejercido por los guardas, unas personas absolutamente capaces, unos esplendidos guardas como yo no he visto en otro lugar, y controlaron estrictamente tanto a los furtivos, escasísimos y a casi todos los terminaban pescando, y los intrusos… en fin, Doñana en esa época tenía un control absoluto.

Sanlúcar es protagonista ¿Almonte existe? Casi todas las familias que trabajaban en el Palacio de Marismillas eran de Sanlúcar. Habia algún almonteño en la parte occidental, la del Palacio de Doñana. Almonte quedaba lejos, en una época donde sólo el caballo era el medio de transporte, ir a Almonte suponía muchas, muchas horas.

Antonio Chico, guarda mayor de Do–ñana, manda aterrizar a un helic—ptero de la base de Rota que regularmente volaba a pocos metros de altura y molestaba con su ruido a los animales del Parque. Foto: Banco de Imágenes del CSIC.

Dos tipos de caza muy doñaneras son tirar a los ánsares dentro de la arena y el lanceo. El lanceo es un deporte precioso, se necesita ser buen jinete, tener valor porque impone, y conlleva un gran riesgo, una de las modalidades de caza más de igual a igual porque el jabalí tiene grandísimas oportunidades de escapar, mientras que el jinete corre un riesgo importante en su persecución. Un deporte precioso.

La tirada de ánsares en los cerros de arena es una cosa espectacular. Te colocabas de noche, veías el amanecer en la marisma, oías una sinfonía de música, unos colores espectaculares que se abrían ante ti, cientos de ansares cantar y cantar mientras se acercaban… Eso se acabó y fue una pena.

Entonces se pagaba por cada alimaña cazada, como lince o águila. El pago se hizo en toda España, lo incentivaba el Estado. En Doñana se pagaron creo que hasta el año 60. Había un guarda mayor responsable al que los demas guardas del coto le mostraban las muestras, los restos del animal, y él tomaba nota de la tarifa para cada bicho.

Se podían matar linces, se podían matar águilas, pero muy limitados. En el caso de los linces existía una abundancia enorme, hay datos que en los años 60 vivían de 3.000 a 5.000 linces, y Doñana era su sede principal. Los guardas alguna vez reducían las camadas, pero siempre se mantuvo al lince con muchísimo interes y cuidado, y lo mismo con el águila imperial. Hay que tener en cuenta que la media, hasta el año 69, de linces cazados –no me refiero a lo que los guardas controlaban- llegaba a uno por año.

¿Cuál es el principal problema de Doñana? Doñana tiene un problema, que toda su vida está basada en el agua. Sus nutrientes están en el agua. Si se la quitamos Doñana muere, y es lo que está ocurriendo.

En mi época me paseaba a caballo a solas, y si tenía sed iba a un bajo de pinos, escarbaba un poco en la arena, y bebía agua dulce. Hoy día con los arrozales, los fresales y la terrible Matalascañas, ese agua superficial se ha ido a 17 metros de profundidad.

Reina Victoria Eugenia en Marismilla. 24 de abril de 1927.

Las cacerías eran parte del negocio de los propietarios.Había dos tipos de cacerías: las que daban los dueños y las que vendían. Normalmente en Doñana casi todas las daban los dueños; después de la guerra aquello estaba apretado y mi abuelo vendió algunas monterías de caza mayor en el palacio, mi padre y hermanos vendieron algunas tiradas de ánsares… pero normalmente eran ellos mismos los que cazaban.

Por Doñana pasaron personas importantísimas, pero nunca fue un centro de poder, ni jamás se reunió un lobby ni hubo conspiraciones. Pero toda esa gente que pedía ir a Doñana al final eran 30, 40 personas al año, no los miles y miles de turistas, de un turismo absolutamente insostenible, que están metiendo ahora.

Carta de José Antonio Valverde al marqués del Borghetto de septiembre de 1952, meses después de descubrir Doñana junto a Bernis. En ella agradece la hospitalidad, aunque tuvo sus contratiempos, como se lee en la entrevista. Foto: familia Morenés.

En mayo del 52 llegan a Doñana Francisco Bernis y José Antonio Valverde, ornitólogos que cambiaron la historia. Ellos pidieron la invitación y mi abuelo les autorizó, y se produjo una anécdota curiosísima. En sus impulsos juveniles, Valverde ante un nido de águila imperial que criaba dos pollos decidió llevarse uno, por las bravas, asegurando a los guardas que iba a arreglarlo. Mi abuelo se enteró esa misma noche, y fue una de las veces que se le ha visto realmente enfadado. Hizo ir a un guardia de la Marismilla al Palacio para decirle que devolviera inmediatamente el pollo. Valverde no tuvo más remedio, y el águila sacó los dos pollos sin problema. Insisto en el daño que le ha hecho a Doñana la presión exagerada de los científicos.

¿Valverde es relevante en la salvacion de Doñana?Para salvar algo, ese algo debe estar en peligro. Y Doñana no estaba en peligro, al revés, estaban en el mejor estado de su historia cuando pasa a manos públicas. Que a Valverde se le titule padre de Doñana me parece una exageración. Si de verdad se quiere buscar un padre de Doñana es, indudablemente, Guillermo Garvey, que coge un erial abandonado, deforestado, todo lo peor que se puede uno imaginar, y lo convierte en un paraíso en 10 años.

¿Qué papel le das a Valverde en lo que luego ocurriría? Valverde fue una persona singular, un gran biólogo, publicó notables trabajos, y acabó recalando en Doñana, lo que le dio bastante más fama de la que tenía. El papel fundamental de Valverde fue iniciar el pase del Doñana privado al Doñana público. Con los resultados que se han visto luego.

Valverde, pocos años antes de morir, le confesó a un amigo mío –ya estaba el hombre muy desengañado, no le habían tratado bien en Doñana- que el gran error de su vida había sido forzar ese pase. Comprendió que se había equivocado, porque en principio la gestión privada siempre por definición es mejor que la pública ¿Dónde están los linces, dónde están las águilas?

Se cuenta que la tramitación de Doñana como parque nacional se efectúa en secreto. No era un secreto, sabíamos que se estaba tramitando, y Valverde exageraba. Llega a contar que había amenazas sobre él y, sin apuntar a nadie, se ve donde señala. Eso era radicalmente falso, jamás hubo una amenaza, ni mi familia tuvo capacidad de presión. Valverde cuenta en su libro que los Morenés tienen muchas influencias porque una hija estaba casada con un ministro. Rotundamente falso.

Era inevitable que tuviera una protección legal, tarde o temprano iba a llegar el parque nacional. Lo que pasa es que el parque se hizo de muy mala manera. Es un ejemplo claro de cómo la administración, con medios arteros e innobles, fue apretando la soga en el cuello de los particulares hasta que no tuvieron más remedio que venderle. A la vez que corrían infamias de que habíamos destrozado el coto, de que tal…

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