Mapas de una tierra por conocer – Doñana 50
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Mapas de una tierra por conocer

La cartografía de un lugar como Doñana, tan poco habitado, periférico e incluso salvaje, se ha realizado casi siempre de forma más bien intencionada que precisa. Incluso cuando José Antonio Valverde se adentra en la marisma, con el guarda Clarita y unas monturas, para conocer el territorio, parte con afán descubridor. Al acabar en La Puebla el recorrido días después, comenta que sólo tuvo que atravesar tres o cuatro cercas, “señal de que había pocos propietarios” .

Este es un muestrario nada exhaustivo, pero esclarecedor, y con la hermosura de los viejos mapas, de cómo se ha representado al territorio. Un lugar de escasas referencias, donde una torre o unas chozas señalan un amplio espacio,y le dan nombre. El mapa de portada se custodia en el archivo de la Fundación Medina Sidonia, privilegiado lugar en Sanlúcar de Barrameda que atesora miles de documentos, muchos sin estudiar. El mapa es del siglo XVIII, y todavía, claro, no aparece el palacio de Marismillas.


Este mapa general del río Guadalquivir fue delineados por Francisco Antonio Pizarro, maestro de matemáticas del Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla. Aunque dice que lo ha copiado directamente del que trazara Festo Rufo Avieno, no es sino otro más de los numerosos dibujos apócrifos que circulaban en la época atribuidos a este poeta latino del siglo IV. Avieno, en su poema Ora marítima, incluía una descripción geográfica del sur de la Península que se consideraba basada en las fuentes del siglo VI a. C., estimándose así como uno de los testimonios más antiguos existentes acerca de la región. A partir de la descripción textual de Avieno se construirían mapas hipotéticos como éste.

Arriba se ve un mapa del Ejército francés, que taló árboles en Doñana para construir cañoneras con vistas al asedio de Cádiz.

Y, bajo él, un mapa custodiado en la Biblioteca Nacional, que «comprehende todas las provincias que componen el Departamento de Marina de Cádiz, obra de 1765 de Joseph Antonio Espelius. Se aprecia el espacio vacío de Oñana, con apenas las torres y el curso del Guadiamar.

Este otro, de 1572, lo realiza de Joseph de Quintana y Ceballos. Se denomina Mapa General de los Pueblos Montes y sus Arboledas, del municipio de Ayamonte. El extracto de la imagen es la zona de Almonte, obviamente.

Guillermo Garvey fue el primer dueño del coto de Doñana tras la venta que se vieron obligados a hacer los duques de Medina Sidonia, por problemas financieros, al precio de 150.000 duros. El mapa tiene el sur (el océano) al norte, y en la leyenda contigua se especifican los partidos, como Marismillas, Vetalengua, Santa Olalla, Cerro del Trigo, La Algaida, Mojedas, o Coto del Rey.

Este mapa también del siglo XX lo encarga el mismo Garvey, y en él se detalla dentro de cada partido un buen número de enclaves, desde hatos, lucios, marismas, pinares, torres o meramente sitios. Fue importante para el desarrollo de la Doñana Expedition de 1956 y 57, la expedición de grandes eminencias ornitológicas extranjeras que resultó clave para conseguir el parque nacional.

El de la derecha es el plano que pintó Valverde con los límites que imaginaba para el nacimiento del parque nacional (el de la izquierda es el mismo, ya en limpio). Se aprecia que la costa sólo tenía un tramo protegido dentro de los límites. Finalmente sería casi en su integridad, excepto Matalascañas, recién vendida.

Y cómo resistirse a mostrar la más fiel representación del territorio, una foto de satélite, realizada en un momento de espectacular y hermosísima ocupación de agua en marismas y lucios. Al igual que la primera foto de la Tierra desde fuera de ella reveló, con emoción, la fragilidad de esa bolita azul en medio del negro universo, este vistazo a Doñana permite entender que el agua es, sencillamente, sus huesos.
¿Seguirá igual simplemente cuando nuestros hijos sean adultos? Ya veremos.

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