«Me trajeron por mi puntería» – Doñana 50
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«Me trajeron por mi puntería»

Hiraldo en uno de los observatorios de la marisma de Doñana.

Fernando Hiraldo fue uno de los biólogos pioneros de Doñana. Llegó desde Almería, donde tenía su plaza en el CSIC el ‘padre’ del parque nacional, José Antonio Valverde. Allí se conocieron, y Tono Valverde –gran amigo de su tío, Fernando Cano, gran fotógrafo de naturaleza y abogado- lo fichó porque tenía una utilísima virtud: donde ponía el ojo, ponía la bala. En aquellos años, completar colecciones científicas de animales resultaba una prioridad, y se conseguían ejemplares disparando, no había otra.

Esta entrevista se realizó para el documental ‘El hombre que salvó el paraíso’. Y ahora se reproduce de forma más extensa.

¿Qué era Doñana en España?Siendo el delta probablemente más rico en fauna de Europa, era más conocida fuera de España que dentro, ùes aquí las preocupaciones eran otras.

Dos colonizaciones la amenazaban: arrozal y eucalipto ¿Cuál fue más peligrosa? Es difícil, porque el arrozal amenazaba a la marisma, pero las repoblaciones, y en concreto las de eucaliptos y pinos amenazaban a toda Doñana. Más que competir entre ellas, se sumaban para destruir a Doñana.

En mayo del 52 Valverde conoce Doñana. ¿Quién era el personaje?Es un autodidacta, y se enamora perdidamente de Doñana. Llega a la conclusión, siendo un don nadie –era un preparador de Paco Bernis- que eso no se va a perder, que era su amor y que iba a luchar por él.

Mauricio González Gordon es providencial en aquellos inicios. No sé para quien fue mas providencial el otro. Mauricio es una persona culta,  raro en aquella España y aquel entorno, muy sensible con la naturaleza, y además con dinero. Pero Valverde aportaba mucho a la vida de Mauricio, la enriqueció. Para Valverde fue una suerte pero para Mauricio también.

Hiraldo (Almería, 1947) es un experto en rapaces que sigue investigando, ahora en Suramérica. Foto: CSIC.

¿Cómo llegas tú a Doñana?Llego a Doñana por 3 razones: porque disparaba bien; porque me acercaba bien a bichos que eran difíciles de capturar; y porque además los preparaba. Yo era un chaval joven, delgaducho y capaz de andar muchísimo. Saltaba un bando y decía Valverde ‘hay tal especie’ y disparar y matar a ejemplares de la que queríamos para hacer ciencia, eso le parecía una cosa fantástica. A mí me puso de hecho responsable de la colección de Doñana siendo un absoluto ignorante.

¿Cuál fue el detonante para que Valverde intentase algo tan imposible y fuera de su alcance? Su convicción, y el amor a su país, la idea de España era muy fuerte para él. Además tenía un yo enorme, y eso le daba mucha fuerza para meterse en una aventura en la que yo creo que el 99’9% de las personas nos hubiéramos retirado a las dos horas.

Proteger Doñana fue una ‘guinda’ para Franco

¿El gobierno de Franco llega a sentirse presionado desde Europa por Doñana?Esto resultaba una presión menor para lo que estaba acostumbrado a soportar. Sí creo que Valverde le dio una guinda, una posibilidad de entrar por la puerta grande de conservación de la naturaleza en un país donde se perseguían a los animales dañinos, se secaban las lagunas, se plantaban eucaliptos… y le abrió una puerta.

Los ingenieros Grande Covián y Gaspar de la Lama son los malos de la película. Gaspar quería plantar España de eucaliptos y decía que en Doñana y su entorno estaba el bosque degenerado. Y Gaspar deseaba cultivar la marisma, había que desecarla y a esos de los pajaritos dejarles unas hectáreas para que jugaran. Dos ingenieros que defendían un mundo que se acababa, y Valverde estaba defendiendo un mundo que empezaba, tuvo la clarividencia de ver algo que ya estaba pasando.

VAlverde con la hiena ‘Saguia’, que durante un tiempo atemorizó al barrio de Heliópolis, pues era la mascota de la primera sede de la EBD. Foto: Banco de Imágenes del CSIC.

¿Tuvieron enfrentamientos cara a cara?Valverde  era un señor raro, porque era ateo, y muchas personas no le tenían una especial simpatía por él por eso. Era un ateo militante, un ateo que lo aireaba y a veces le gustaba ponerlo encima de la mesa. Y Gaspar de la Lama, muy religioso, trató en algún momento de ponerle a un Valverde casi agonizante un escapulario o algo así encima.

¿Félix R. de la Fuente fue relevante para Doñana?No. Félix no tiene ningún papel más que la amistad que le unía a Valverde y la tensión por celos mutuos. Incluso pudo llegar a tener un papel negativo porque en un momento a Félix lo usaron, o él se dejó usar, para vender la urbanización que pensaban hacer en la punta de Marismillas. Pero Félix tuvo un papel indirecto importantísimo para Doñana, pues fue el que movió de una forma masiva el amor por la naturaleza. Valverde me decía a mí: lo fácil es haber conseguido Doñana, lo difícil será ahora conservarla. Y no se equivocó.

Valverde deseaba que se difundiera Doñana en los medios para eso.Cuando yo llego de pre becario, porque no había acabado la carrera, lo primero que me pone Valverde es a escribir para el Abc  un artículo sobre el buitre negro. Él era muy consciente de que si queríamos conservar debíamos hacer buena ciencia, pero teníamos que trasladar lo que hacíamos a la sociedad.

La declaración de Doñana como parque nacional se preparó en secreto. Valverde, no sé si por escrito o de palabra, se comprometió con la gente que vendió suelo a que allí no se haría un Parque Nacional, y afortunadamente -aunque era un hombre de palabra- debía tener los dedos cruzados, porque no sé exactamente cómo fue, porque creo que desde el minuto 1 empezó a luchar para que no fuera así.

El primer equipo administrativo de Doñana. A la izquierda, Valverde. A la derecha, un voluntario alemán.

Llegó a recibir amenazas, alguien entró por la noche, y no una vez, en el año 71, cuando la EBD estaba en la calle Paraguay 1, y desaparecían cosas y aparecían otras, en fin…

Los biólogos seríais marcianos allí en aquellos años.Doñana encierra también una tragedia, porque ese cambio fue muy brusco. Allí estaba el señorito, el terrateniente,  que iba de Pascuas a Ramos, y los dueños reales de aquello, los dueños del conocimiento eran los guardas. Y de pronto llegan unos chavales, mal encarados, que no han pisado aquello nada y empiezan a darles lecciones. Ese mundo se empieza a derrumbar, pasar de ser el que más sabe, y llegan unos señores que les dicen ‘eso es una tontería’.

El guarda Pepe Boixo me contó que lloró mucho porque no le iba a replicar a un ingeniero o un biólogo.Muchas veces, y es la tragedia que digo, estaban convencidos de errores. Decían ‘en este monte viejo no hay nada’, pero cuando dicen ‘no hay nada’ te están hablando de piezas de caza. Ellos se habían criado llevando un coto de caza, pero a Doñana la entendían regular. Cuando veían  menos perdices, y menos conejos y menos ciervos, decían ‘esto está muy muy mal’, y tu respondías, no esto está como tiene que estar, como no estaba bien era antes.

¿Y de la romería del Rocío qué pensaba Tono Valverde?Era listo, y se daba cuenta que Doñana perdería mucho de perder el Rocío, y que había que buscar una armonización, con independencia de que fuera ateo.

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