«Debió hacerse más por la gente de Doñana» – Doñana 50
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«Debió hacerse más por la gente de Doñana»

Un guarda patrulla por el borde de un lucio. Foto: José María Pérez de Ayala.

Si dos fueron los primeros biólogos que se sumaron a Valverde al poco de crearse la Estación Biológica de Doñana, Javier Castroviejo y Fernando Álvarez, en enero de 1973 fueron dos los guardas –nuevos, no los históricos heredados del anterior coto de caza- que iniciaron el trabajo de guardería. Uno de ellos, que llegó a guarda mayor, es José María de Vayas. Trabajó justo cuarenta años, hasta 2013, y no hay quien hable mal de él. Lo cual, en un lugar donde es tan imposible el fingimiento, es verdad inapelable.

PEpe Boixo, a la izquierda, guarda de los que ya estaban con los dueños privados, y José María de Vayas.

Al principio en el paraíso de Doñana erais dos, y no Adán y Eva, sino tú y Leocadio. ¿Era tu primer trabajo?Era nuestro primer trabajo como guarda forestal, pero prácticamente desde niños habíamos estado trabajando en el campo, que era lo normal de la época, años 50 y 60, si no habías estudiado. Posteriormente a aquellos años, y pensando que en el campo se podía trabajar de muchas maneras, tomamos la decisión de irnos a la Escuela de Capataces Forestales de Villaviciosa de Odón, en Madrid, para sacarnos el título de Capataz Forestal, que fue con el que nos buscaron para comenzar a trabajar en Doñana como vigilantes en enero de 1973.

La creación en 1969 del Parque Nacional estuvo acompañada de tensiones. Mucho se habló de las amenazas a Valverde. ¿Tuvo impacto en la sociedad, o al menos en la comarca, el nacimiento del Parque, o pasó desapercibido? Pasó bastante desapercibido. De hecho, desde que el Parque Nacional como tal se crea en 1969, hasta que prácticamente nosotros comenzamos a movernos por allí y a contactar con la gente, las propiedades privadas seguían siendo y funcionando de la misma forma. Aunque fue algo que cambió pasados algunos años, la sensación de aquellos primeros era que el entorno y la comarca no eran demasiado conscientes de lo que significaba esa creación y los cambios que éste traería de la mano.

José María de Vayas en 1974 con el primer land rover que llegó del Ministerio.

Para algunos, serían increíbles las nuevas normas que habían aparecido. Muchas cosas ya no se podían hacer ¿Cuál fue el asunto que más denuncias y trabajo te provocó?Sería difícil señalarte algo concreto. Creo que fue algo que fue viniendo por rachas. El tema del furtivismo estaba muy controlado en aquel entonces, quizá por la situación política que existía; algo que cambió radicalmente con la época de la Transición. Ahí empezamos a tener mucho trabajo con ese tema: empezaron a aparecer las gentes con las caras tapadas, los tiros… hubo muchos problemas; y de ahí vino precisamente también el aumento de la plantilla de Guardería, pues los que estábamos entonces no podíamos con la situación que acontecía.

La famosa “época del cangrejo” también planteó muchos problemas hasta que las cosas se fueron arreglando.

En general no lo valorábamos como cosas excesivamente difíciles, pues al fin y al cabo esa era nuestra misión, aunque sí pasamos por momentos muy complejos. Entendíamos que era más un tema de controlar situaciones, y que con la colaboración de todas las partes, el esfuerzo y el trabajo, y la concienciación del entorno, las cosas irían poniéndose en su lugar.

José María con Antonio Rodríguez en Las Nuevas. Años 90.


¿Qué fue lo más difícil con la gente de alrededor, sobre todo de Almonte, en los primeros años?Cuando aparece la ‘ley de Doñana’ y las primeras limitaciones y aplicaciones de normas, el entorno se alarmó un poco; la gente quería entender qué es lo que había pasado. Pero eso ocurrió en Almonte y en todos los pueblos del entorno. En Almonte no fue nada más significativo que en los demás, al contrario; es más, me gustaría romper una lanza en favor de este pueblo respecto a ese tema, pues a pesar de estar inmerso en el Parque Nacional, durante los años que he estado trabajando allí he podido comprobar cómo sus gentes han ido entendiendo perfectamente lo que era el Parque, y tratando de acomodarse a lo que éste es y supone. Así, en general, no creo que por parte de los habitantes de los pueblos del entorno de Doñana hubiese nada en contra respecto al Parque. Tú hablabas con la gente e iba entendiendo con el paso del tiempo; y a fecha de hoy, todo el mundo tiene asumido lo que el Parque Nacional representa para los pueblos del entorno, y estoy seguro de que a grandes rasgos, se trata de una valoración positiva.

Juan Espinar, de una de las nobles sagas de guardas de Doñana, le habla a José María.

¿Qué te explicaron sobre cómo hacer tu trabajo? Pues no nos dieron explicaciones sobre cómo hacer nuestro trabajo… Veníamos de dos años de formación de la Escuela de Capataces, donde enseñaban todo lo que tenía que ver con tus funciones. Ya sobre el terreno, conforme ibas relacionándote laboralmente con todo el personal que estaba dentro de Doñana, con toda la Guardería y con el resto de trabajadores, sabías e ibas aprendiendo sobre la marcha lo que tenías que hacer día a día, sin necesidad de que te dieran unas instrucciones específicas.

Los guardas de los marqueses, ¿cómo trabajaban en la nueva etapa? Los guardas particulares o privados seguían trabajando de la misma forma. Ellos se mantenían fieles a sus propietarios, como les decían; cosa normal por otro lado ya que para eso eran los que les pagaban. Al fin y al cabo, eran personas que llevaban trabajando en esas fincas seis o siete generaciones, por lo que era lógico que siguieran haciéndolo de la misma forma, aunque hubiesen cambiado las cosas y la caza se hubiese prohibido. Supieron adaptarse a esos cambios, manteniendo la pureza de su forma de trabajar y sus costumbres. Poseían unos conocimientos extraordinarios que sólo podía darlos la experiencia, y para nosotros eran auténticos libros abiertos, a los que además, les teníamos un gran sentimiento de respeto. A mí no me cabía en la cabeza llegar a una finca y moverme por ella sin haber contactado previamente con los guardas de la propiedad. De ellos era de quienes aprendía… Si iba a Marismillas, con Juan Espinar, con Antonio Vázquez, con Pepe Espinar; si iba al Puntal, con Antonio Chico; si iba a la Estación, con José Boixo; y si iba al Coto del Rey, con Antonio Ran. Significaba tener a la sabiduría en tu mano… ¿Cómo ibas a andar por el campo sin contactar con ellos? ¡Para mí resultaba impensable! Así lo hice desde el primer día y hasta que me jubilé.

¿Cómo os veían esos guardas, los Chico y compañía, a vosotros? Pues eso habría que preguntárselo a ellos, y por desgracia a la gran mayoría ya no se les puede preguntar. Pero me atrevería a decir que fuimos de bastante ayuda para ellos. En cierto modo, nosotros aportamos la teoría, y ellos nos enseñaron a nosotros el conocimiento que daba la experiencia. De esta forma, supimos crear un binomio de teoría y práctica que funcionó bastante bien. Personalmente, siempre me he sentido orgulloso de poder decir que han sido grandes compañeros y grandes amigos para mí.

José María a caballo en 2010, poco antes de jubilarse.

¿Los antiguos propietarios qué actitud mantuvieron? Hablo de los Borghetto, los González, Noguera y Carrizosa. Al igual que con los guardas, la relación con los propietarios se basaba en el respeto. Entendí que el Parque Nacional, aunque lo categorizaran como tal en el 69, era algo que ya estaba allí antes de llegar nosotros, y era así porque los propietarios se habían encargado de conservarlo y de luchar por ello, aunque fuese a modo de fincas individuales. Al fin y al cabo el Parque Nacional con aquellas primeras 39.000 hectáreas se creó en su gran mayoría de propiedades privadas, públicas de los ayuntamientos, aportando muy poco el Ministerio, en este caso las hectáreas que tenía en el Coto Ybarra.

Considero que ese respeto era algo meritorio, a los de aquel entonces y a los de ahora, y creo que humildemente también supe ganarme el de ellos.

José Antonio Valverde el año en que conoció Doñana, en un cajón. Foto: familia Valverde.

¿Cómo era Valverde? Tuve la suerte de tener contacto con él no sólo como Director del Parque, sino posteriormente durante muchos años en el Patronato de Doñana, al que yo asistía como representante de la Guardería.

Desde el primer momento me pareció una persona muy inteligente, que luchaba sin tapujos por lo suyo, y que tenía las cosas muy claras. Creo que hizo una importantísima labor por Doñana, de la que ya se ha escrito mucho y que se quedaría corto todo lo que yo pudiera decir. A los que queremos Doñana y vivimos esa época nos resulta inevitable no mantenerlo en el buen recuerdo.

¿Es diferente el punto de vista sobre Doñana de los gaditanos y los onubenses? ¿Desde Sevilla se entiende a Doñana? Yo desde luego no lo sé valorar, pero mi experiencia al cabo de los años sí me ha demostrado que tanto a los gaditanos, como a los onubenses y a los sevillanos, hay algo respecto a Doñana que es más importante a la hora de unirlos que de separarlos, y es el amor que le tienen y que todos quieren formar parte de ella.

Dos gamos con el fondo de una laguna. Foto: José María Pérez de Ayala.

Dime lo más asombroso que has visto. He visto muchas cosas asombrosas en Doñana. Doñana es un ente vivo, las 24 horas del día, los 365 días del año.

Me costaría mucho quedarme con algo en concreto. Me llamó mucho la atención al principio cuando vi los primeros amaneceres en el Cerro de los Ánsares, cuando vienen esos miles de pájaros a tomar arena… Las primeras riadas en la marisma; no podía imaginarme que aquellas hectáreas de marisma se pudieran convertir en un auténtico mar… Las primeras primaveras de nidificaciones; era asombroso transitar por la marisma a caballo viendo esa cantidad de nidos… La primera colonia de flamencos que yo conocí, que nació en el Pacil de la Vaquiruela; para mí fue impresionante hacerles un pasillo segado con la guadaña para que pudieran ir de un lado a otro… Ver una tarde cuatro ejemplares de linces juntos en el pilar de Cañá Mayor, macho adulto y hembra con dos crías…

Hay muchas cosas que se te quedan grabadas en la retina. Una trayectoria profesional tan dilatada da para mucho, y resulta muy difícil escoger entre tanto, y sobre todo, entre tanto maravilloso.

¿Sientes lástima por la figura del Director de Doñana, por los problemas con los que tiene que lidiar? Doñana no es una cosa fácil de dirigir ni conducir. Yo, que he tenido la suerte de estar con todos los directores del Parque Nacional hasta Juan Carlos Rubio en mi jubilación, los admiraba, a su trabajo y a su forma de querer y entender al entorno; ellos que muchísimas veces no eran comprendidos, sobre todo por lo casi imposible de gestionar a gusto de todos.

Así, no siento ninguna lástima por la figura del Director, pues para mí no son dignos de lástima, sino al contrario, de admiración. Porque además pienso que la persona que se hace cargo de esa figura, lo hace con la mejor intención de hacerlo lo mejor posible, y además en beneficio de todo el mundo, pues al fin y al cabo Doñana no sólo nos beneficia a los que estamos más cerca de ella.

Vamos a repasar los directores con los que ha trabajado. Dígame cuál es el asunto que han gestionado que cree más importante. No sabría identificar cuál fue el asunto más importante que gestionó cada uno; eso tendrían que responderlo ellos. Pero sí puedo decirte que ha habido muchos asuntos muy importantes que gestionar: La primera mortandad de aves; el tema cangrejo; todo el tema Romería del Rocío; los vehículos por la Playa de Matalascañas cuando consideraban que aquello era más una carretera que un Parque Nacional; la conservación… y ninguno de ellos fue fácil.

José María de Vayas saluda a Felipe González.

Cuéntame cómo fue cuando Felipe decidió veranear allí como Presidente. Pues cuando Felipe González decidió veranear en Doñana, yo creo que demostró que era un tío inteligente… ¿¡A quién no le gustaría veranear en un lugar como éste?!… A nosotros laboralmente no nos supuso nunca ninguna interrupción en nuestro trabajo cotidiano, al contrario, una suerte poder estar al lado de él cuando nos necesitaba o cuando podíamos colaborar con él, pasear con él, escucharlo hablar… igual que con el resto de presidentes que decidieron pasar en Doñana parte de sus vacaciones. Para mí personalmente tengo que decir que ha sido un verdadero placer y un lujo poder hacerlo.

Felipe veraneaba en el palacio de Doñana, y Aznar decidió hacerlo en el de Marismillas

¿Cómo era el trato con el resto de presidentes de España? El trato con el resto exactamente igual que con Felipe. Con el que más contacto tuve fue con José María Aznar, que fue el primero que decidió veranear en el Palacio de Marismillas, ya que Felipe lo había hecho en el Palacio de Doñana.

Yo, que soy un enamorado de Doñana hasta la médula, puedo entender perfectamente que los presidentes de gobierno de este país eligiesen y hayan seguido eligiendo un destino como éste para descansar y recargar pilas.  A la hora de trabajar, como he dicho antes, nunca hemos tenido ningún problema, al contrario. Los que han venido trabajando con ellos siempre han procurado facilitarnos nuestro trabajo y que las cosas se hicieran como había que hacerlas.

¿Qué decisión crees que ha sido más difícil, y que tú mismo dudabas cuál era la mejor decisión, que ha tenido que tomar un director? Pues esa es otra pregunta que yo no le puedo contestar…  Yo creo que han tenido que tomar decisiones difíciles muchas veces, algo inevitable siendo Doñana una cosa viva como es, y teniendo la relación que tiene con su propio entorno.

La declaración como parque nacional marca un antes y un después en la historia de Doñana

¿En qué momento crees que cambia el rumbo de Doñana?; ¿en qué momento se producen decisiones que marcan un punto de no retorno, de giro, para Doñana? Pues pienso que indiscutiblemente cuando se produce su nombramiento como Parque Nacional; ese hecho marca un antes y un después en la Historia de Doñana.  ¿Punto de no retorno?… Pues no sé si existe uno concreto como tal, ni si fuese el caso, qué decisiones llevan a éste…

¿Qué apellidos históricos de guardas siguen trabajando por Doñana? Pues por suerte en la Guardería aún quedan algunos, aunque no tantos como a mí me gustaría. En la parte de Marismillas siguen los Espinar, Eduardo, Carmelo, Juan Luis; en la zona de Las Nuevas queda Antonio Espinar y su hermano Juanma; luego más para el centro están José Chico y Muriel; también están los Herrera, Paco, Pedro Luís; Isidro Fernández; Manolo Vázquez; y Luis Manuel Espinar y su hermano Paco. Que me perdonen si me falla la memoria y se me quedase alguno por detrás…

Uno de los grandes errores de todos es no cuidar más a la gente de Doñana

¿Se han perdido saberes?, es decir, ¿se ha desaprovechado la sabiduría de guardas o gentes de la zona? Rotundamente sí. Para mí es uno de los grandes errores que hemos cometido las personas que hemos llegado a trabajar a Doñana, el no cuidar más y mejor a la Gente de Doñana, y por supuesto no me refiero solamente a la Guardería, pues había mucha de esa gente trabajando en estas tierras.

La gente de Doñana para mí, siempre lo he dicho, era como una raza especial. La gente de los cotos por ejemplo no era igual que la de la marisma: Tenían caracteres distintos, hablaban de forma diferente, y veían y entendían la vida también de manera distinta… y sin embargo, los unía ese pertenecer a una “especie” que distaba mucho de las demás, con una gran sabiduría desaprovechada y tristemente difícil de recuperar, que aún, afortunadamente, intentan mantener a modo de reflejo aquellos que tienen la suerte de llevar sus apellidos y que todavía continúan por estas tierras. Esa ha sido la especie que hemos permitido que se extinga prácticamente en Doñana, y que cuando falten esos últimos que quedan, desaparecerá del todo.

Había que haber hecho más, mucho más por la Gente de Doñana.

Los que hemos llegado de fuera lo hemos hecho muchas veces con una carpeta llena de papeles debajo del brazo, pensando que lo sabíamos todo, y se nos ha olvidado también muchas veces darle su sitio a esa sabiduría popular que tenían esa gente de tantas generaciones viviendo en Doñana, y de haber ‘mamao’ Doñana.

Ese llegar tú por la mañana a una casa, y que te contase el guarda lo que había pasado en el campo quince días antes, las 24 horas todos los días

Ese llegar tú por la mañana a una casa, y que te contase el guarda lo que había pasado en el campo quince días antes, las 24 horas todos los días; que sin ningún gps ni ningún aparato, una persona en medio de la marisma, una noche a las 3 de la mañana y sin carriles ningunos, te supiera llevar desde la Cancela de la Aulaga a Vetalarena con una niebla cerrada en la que no veías ni los dedos de tus propias manos…

Todo eso se ha perdido… ¿Quién va a vigilar esas 50.000 hectáreas de marisma cuando ésta se encharca?, ¿la vamos a vigilar con drones?… Porque cuando desaparezcan los que todavía montan a caballo, (con el trabajo que costó que la Administración entendiese que los guardas en Doñana deben saber montar a caballo, como si fuese cosa de la Prehistoria) ¿quién y cómo se hará ese trabajo?…

Como tantas veces me hago una pregunta sin respuesta: ¿qué es lo que queremos de Doñana?

Como tantas veces, hoy me hago a mí mismo una pregunta sin saber siquiera si es el momento de hacérmela, y sin encontrar una respuesta, y es: ¿Qué es lo que queremos de Doñana?…

¿Qué es lo más bueno que se come, animal o planta, en Doñana? ¡En Doñana está bueno todo! Esa es otra de las cosas importantes que se han perdido: La cocina de Doñana. Nadie se ha preocupado en atesorar esa sabiduría de aquellos que tenían que aprender a comer de lo que les daba el campo, en invierno y en verano, sin frigorífico ni congelador. Eso se ha perdido también.  En cualquier casa que entraras a comer, desde un guiso de conejo a un guiso de pato… todo era auténticos manjares.

Recuerdo una anécdota sobre esto… Aún vive la protagonista de la historia. Unas navidades, la celebramos en Brenes, estábamos allí los compañeros… Estaba Antonio Espinar, que desgraciadamente ha fallecido recientemente, estaba Victoria, su mujer, y sus hijos; y como era Navidad mataron un pavo para la celebración… Yo no quiero exagerar, pero si Victoria no guisó el pavo de más de diez maneras diferentes, no lo hizo de ninguna, ¡y a cada cuál más rica! ¡Parecía mentira que te estuvieras comiendo la misma carne!

¿Cómo ves Doñana dentro de otros 50 años, en 2069? Sin duda es la pregunta más difícil de todas las que me has hecho… No la voy a ver… Pero sí me gustaría que los que la tienen que dirigir, cuidar y conservar, dentro de 50 años la mantengan, al menos, en las mismas condiciones en que está ahora, eso por lo menos; y si algo ha tenido que cambiar, que haya sido, indiscutiblemente, para mejor. Que así sea…

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Comments

  • Fco. Fernando Díaz Solís
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    Magnífica la historia que has trazado de Doñana, contando tus vivencias y es la historia del Parque desde sus inicios. Enhorabuena torro

    11 octubre, 2019
  • Manuel
    REPLY

    Daría la mitad de la vida que me quede por trabajar, gratis, y aprender, al lado de gente como usted.

    13 octubre, 2019
  • Juan pablo
    REPLY

    Buenas noches.
    Como miembros de la vida del coto,se han preguntado xk se ha roto parte del ecosistema y con ello la flora y la fauna de varias zonas del coto??

    13 octubre, 2019
  • Adolfo Diaz Solis
    REPLY

    Magnifica entrevista presidente.Que tomen nota a los que les corresponda.

    14 octubre, 2019

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