El futuro es frágil – Doñana 50
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El futuro es frágil

Foto: José María Pérez de Ayala

Los próximos 50 años de Doñana son vistos de muy diferente forma por los expertos consultados, personas que han gestionado diversos aspectos vinculados a este Patrimonio de la Humanidad. Doñana mantiene vigentes sus numerosos reconocimientos, que son todos los posibles; y es foco de ciencia y debate a escala europea. Pero también existe la certeza de que el cambio climático alterará sus condiciones hasta, quizás, desfigurarla. Y que el entorno social y político seguirá creando tensiones.

Cuarta y última entrega en la que vamos a reflexionar, gracias a un grupo de expertos doñaneros, sobre diversas circunstancias. Son reportajes que he publicado en el diario El Mundo.

Visitantes de Doñana. Foto: Consejería de Medio Ambiente.

El incendio en Doñana de 2017 puso la mirada de nuevo sobre un espacio natural que sigue siendo la gran referencia en el debate conservacionista español. También los ojos se van a aspectos en negro: los agricultores rebeldes, el intento de dragado del río, o el almacén de gas en parte dentro de Doñana. Pero el viejo Coto se resiste. Recibe 300.000 visitas anuales, sustentó en 2018 a 96 proyectos de investigación; y se trata de un territorio clave para la avifauna, que genera, en Europa, muchos millones de euros en desarrollo sostenible.

“Doñana es más que un parque nacional”, dice convencido el ex director de Europarc, Melo Castro, “no sólo se debate de conservación de la naturaleza, sino sobre conservación y urbanismo, y agricultura, y turismo… Es una fábrica de propuestas de futuro de los grandes problemas del desarrollo y la conservación”.

Más pragmático, el gerente de la cooperativa de visitas, Gonzalo Dorado, espera que “siga igual que hasta ahora, sería un logro, con tanto que se habla de que llevamos el mundo a la destrucción”. Un futuro que el ex director de la Estación Biológica, Juan José Negro, predice oscuro.  

Laguna del Acebrón. Foto: Consejería de Medio Ambiente.

“Soy pesimista”, reflexiona, “en 2069 veremos una Doñana seca, dudo mucho que haya linces, empobrecida, a lo mejor inundada en parte por el mar y con problemas agrícolas y económicos en las poblaciones del entorno”. En la misma línea se pronuncia el responsable de Veta la Palma. “Doñana cambiará probablemente en el global para peor”, afirma Miguel Medialdea, responsable de calidad y medio ambiente de una piscifactoría natural de Ebro Foods; “dentro de 50 años no perderemos el lince o la imperial, pero el medio en sí lo veo en la cuerda floja”

El modelo de predicciones elaborado por la Junta a partir del IPPC prevé que en 2050 haya una variación al alza de temperatura de al menos 2 grados en Doñana en las máximas, otro tanto en las mínimas, y la reducción de las lluvias.

Balancear economía y ecología no le gusta a Juan José Negro. “Puede ser una trampa ofrecer resultados económicos, el valor universal de Doñana no tiene un precio que se salde en una productividad”. Para él, “Doñana no es una balanza, sino algo más grande y a más largo plazo ¿cómo podemos compaginar eso con los municipios? Pues tendrán que reinventarse también”.

Tortuga marina en la playa de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Alberto Larramendi, ex director del parque, se ubica en el lado de los optimistas. “Doñana interesa a muchísima gente, y a los medios, y a organismos internacionales. Todo eso es una fuerza que la vitaliza”, afirma.

En 2069, cuando el espacio natural cumpla el siglo, el ex director desea “que la influencia de Doñana se extienda más a todos los temas con incidencia sobre el parque, pero no como normas restrictivas, sino en forma de un modelo de desarrollo sostenible. Si la solución sólo contenta a uno, el problema volverá”.

Jesús Casas, director de Doñana entre 1982 y 1994, indica que “basta leer la prensa de los 80 para entender hasta qué punto existía una expectativa de progreso en base al desarrollo turístico, a la plantación de eucaliptos, o a la puesta en cultivo. La conservación supuso una cierta contradicción que ha supuesto tiempo aceptar”. Él tiene claro que ya “nadie duda de que la conservación no merma el desarrollo equilibrado y ético”

Uno de los cambios que ve más claro Miguel Medialdea es que el arrozal será imposible con los escenarios climáticos previstos. “La disponibilidad de agua no está clara, subirá la temperatura. No lo veo, al menos como está ahora”.

Galápago en Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Juanjo Carmona, con tres décadas de activismo ecologista en la comarca, tiene la sensación de que Doñana resulta hoy “la última trinchera; cada día te encuentras nuevos problemas y no hay tantos aliados como parece, pese a que se supone que ha aumentado la concienciación de la gente”.

El secretario de la Asociación Nacional de Ganado Marismeño, Sergio Nogales recalca la influencia del hombre en estos ecosistemas. “Debe mantenerse el vinculo humano con el parque, esta influencia ha creado lo que ahora vemos, que no se trata de una selva virgen”. Nogales, representante de un sector que necesita del acuerdo con los gestores del parque, defiende las normas reguladoras: “El hombre no es capaz de llegar a un consenso con naturaleza”. Desde su retiro, Lola Escalona, la ex alcaldesa de uno de los tres grandes pueblos doñaneros, Aznalcázar, al recordar a Doñana y sus debates, concluye: “A veces me da pena haber dejado la política, porque tengo algunas peleítas pendientes que se quedaron ahí”.

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