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Félix: genio, figura y polémica

Félix Rodríguez de la Fuente es un joven, aún más joven que el ‘padre’ de Doñana, José Antonio Valverde, cuando se planta ante él en su casa de Valladolid para pedirle un favor en 1952. Félix estudia Medicina, dentista, pero su gran pasión es la cetrería, y necesita de un libro que explica cómo ‘domar’ aves que posee Valverde, y de su maña para capturar un halcón peregrino con el que practicar.

Así empieza el trato de dos gigantes. Felisón, como le decía Tono Valverde, llegaría a la fama más rotunda por su vis mediática, convertido en comunicador de postín, y ‘culpable’ de las vocaciones de miles de biólogos y ecologistas en nuestro país. Ambos se cruzaron en numerosas ocasiones en Doñana, lugar sobre el que grabó varios programas Félix en 1979, dando un empujón básico para que el gran público conociera este parque nacional. En este enlace existe un sobresaliente análisis de lo que supuso la emisión de esos 4 capítulos, uno por estación del año.

Ya en 1968 el naturalista promovió con Valverde (y el príncipe Juan Carlos de ‘escaparate’) la creación de Adena, la filial de WWF, organización que había nacido tres años antes y aportado el dinero que permitió comprar una finca de 6.000 hectáreas en Doñana, el embrión de todo.

El desencuentro fue por el turismo

Entre ambos se produjo, sin embargo, un desencuentro a costa de Doñana y su desarrollo turístico. Eran tiempos, hay que situarse, en los cuales resultaba inimaginable aún el impacto que el turismo podría llegar a tener. Eran tiempos en los que se creía posible un turismo de leve huella y alto rendimiento económico incluso en la costa. Aunque, sin duda, la avaricia ýa existía.

Cuando se gesta el parque nacional, Tono y Felisón tropiezan por el endiablado proyecto, aunque no pasó de idea, de habilitar un resort turístico de alta gama nada menos que enfrente de Sanlúcar, en Malandar, en el terreno propiedad de los marqueses del Borghetto. Los malentendidos por este asunto les llevaron a la distancia.

La carta que se reproduce abajo es un documento extrordinario para entender hasta qué punto se alejaron, al menos entonces. En ella, Félix debe rogar a Valverde que le deje grabar en Doñana la luego famosísima serie. Su equipo no logra respuesta de Tono, cuyo carácter endiablado era conocido y temido, y Rodríguez de la Fuente se implica personalmente en la petición, después de 15 días esperando en vano respuesta.

La carta desvela que ya hubo problemas por parte de Valverde el invierno anterior para rodar. Y Félix debe recalcarle al primer director de Doñana que su serie de TV es un hito en la historia de España, vendida a «EEUU, Rusia y Japón», para que lograse entenderlo.

Carta incluida en el trabajo sobre Félix y Doñana de Mónica Alcalá-Lorente y Carlos TAbernero.

En todo caso, en una entrevista que me concedió Carlos Morenés, marqués del Borghetto, la familia propietaria de todo el Coto hasta que vendió la mitad hacia 1940, aporta estos datos:

La historia la relata el ex dueño, Carlos Morenés

«En aquel momento tanto Valverde como el ministro Fraga impulsaban la urbanización [con un complejo turístico] de las Marismillas, de lo que tengo cartas que puedo enseñar. Tengo cartas también de mi padre defendiendo a las Marismillas frente a la urbanización, pero se recibieron tales presiones del Ministerio, y tal era el interes de Valverde, que al final tuvieron que aceptarlo. E hicieron un proyecto, un proyecto no como el de Matalascañas, sino un proyecto que iba a ser el ejemplo en el mundo de urbanización ecologica e integrada.
Pues esa urbanización no se llevo a cabo porque al final Tono Valverde decidió apoyar la de Matalascañas y cargarse la de las Marismillas».

«Félix fue el asesor ambiental del complejo turístico»

«Se contrató a Félix, estudió el tema, vio su viabilidad, vio su ejemplaridad como urbanización, y la poca afectación que recaia sobre Doñana. Y Félix aceptó. Y Félix fue el asesor, el ecólogo, el naturalista que asesoraba y dirigía todos los terminos de la urbanización.
El caso es que Félix al final no lo pudo sacar porque supo que Valverde le puso la proa de pronto después de haber dicho aquí hay que urbanizar, marcando lugares del Coto donde se debía hacer la urbanización. Yo no sé si fue por eso, o por otra razón, pero se produjo –en unas personas que habían sido grandes amigos- un gran distanciamiento entre ellos.
Yo creo que en el fondo lo consideraban un intruso, un dentista que se había metido en su campo».


TODO ERA NUEVO Y SALVAJE

En el libro ‘Doñana, todo era nuevo y salvaje‘, se novela así con datos y hechos reales el encuentro entre Valverde y Félix en 1952.

«Valverde escribe a ratos un artículo sobre lo visto en Doñana para la revista ‘Munibe’, de la Sociedad Aranzadi, mientras resuelve su labor de taxidermista en Valladolid. Su vuelta al trabajo no le pesa, porque ahora sabe qué quiere hacer, dónde y cómo. Lo cual supone haber dado el más difícil paso hacia la felicidad. Está observando a finales de ese 1952 una lechuza de buen porte para disecar cuando entra su primo Tonono, acompañado de un joven de 24 años y aire decidido.

–Este es Felisón, el que te dije que quiere conocerte.

Tiene delante a Félix Rodríguez de la Fuente. Estudia en la Universidad de Valladolid para dentista por prescripción paterna, pero la pasión por la cetrería lo posee. Había oído que un joven taxidermista de Valladolid tiene dos tesoros que él anhelaba: el libro ‘La Chasse Moderne’, donde se explica paso a paso cómo se adiestran las rapaces; y un nido de halcón localizado para coger a la prima, a la hembra de la collera. A Valverde le cae bien el burgalés, dos años menor que él, vehemente, fuerte y de potente mandíbula. Le cuenta que ha enseñado a dos cernícalos a volar a su puño, pero necesita ayuda para ir a más, de ahí su presencia.

Empezaban meses de aventuras para dos muchachos que marcarían durante décadas la historia de las ciencias naturales en España.

En marzo, Valverde decide llegado el momento de ir por la hembra de halcón peregrino, que anida en la torre del Homenaje del cercano y abandonado castillo de Fuensaldaña. El método que trama para capturarla consiste en colocar como cebo una avefría, disecada con esmero en su taller. Como si hubiera sido cazada por una rapaz, el cadáver muestra desgarrada carne roja hecha de masilla, y alrededor de ella chorreones sanguinolentos pintados con carmín. Pero no es suficiente para engañar a la halcona, que muchas horas después sigue sin caer en el cepo de red.

Ya casi de noche, los dos amigos prueban el universal sistema de un aro con red, apoyado en un palito. Cuando la rapaz se coloca debajo, tiran de la cuerda atada al palitroque y la malla atrapa el ave. Éxito. Los cinco kilómetros de vuelta a casa los hacen brincando de felicidad.

Félix visita todas las tardes la casa de Valverde para ver a ‘Sacre’, que así llamó al animal, y para leer en francés el capítulo de educación del pájaro del tomo sobre cetrería. El vallisoletano comprueba sorprendido la extraordinaria retentiva del futuro dentista, capaz de recordar literalmente párrafos enteros, lo cual le serviría ese año tanto para terminar Medicina como para lo realmente importante: dominar el arte cetrero. Después de aquel verano se seguirían la pista mutuamente, hasta que Doñana volvió a unirlos, y a separarlos. Sólo el recuerdo de la tarde de Fuensaldaña se mantuvo indemne».

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Antonio Chico, José Antonio Valverde y Félix en uno de los trenes de dunas. FOTO: Francisco Ontañón.

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