«De presidente echo de menos Doñana» – Doñana 50
Últimos post

Blog

«De presidente echo de menos Doñana»

Una planta de enea se perfila detrás de la telaraña. Foto: José María Pérez de Ayala.

Felipe González sabía bien lo que hacía cuando decide, en 1992, pasar su veraneo en Doñana. Un espacio que conocía y amaba desde que, como tantos muchachos (por ejemplo el que esto escribe) descubrió la playa en Matalascañas, y su primer bosque fueron los pinares de La Puebla del Río. Esta entrevista se realizó para el documental El hombre que salvó el paraíso, que co dirigí junto a Julio Villanueva.

¿Cuál fue la primera vez que oyó hablar de Doñana? Cuando yo era un adolescente, que de eso hace muchísimo tiempo ya, pasaba por la parte del muro que llevaba a la playa de Matalascañas,  y pasábamos por Doñana. Yo tenía la pasión por el espacio de Doñana desde que era muy joven, cuando todavía estaban en la playa las casas de los pescadores, y unas familias iban a pasar el verano allí a los chozos de la orilla. Me causaba impresión ver los pozos de agua dulce pegados al mar.

Doñana mantuvo una estructura casi medieval de la sociedad. Absolutamente cierto, pero era la evolución casi lógica en términos históricos. Aquello era el Ducado de medina sidonia, la gente que lo ocupaba pasó de la condición casi de tropas que acompañaban en la reconquista, servidumbre de la gleba después, guardería después, en condiciones muy penosas. Incluso cuando ya tenía responsabilidad de gobierno veía cómo la gente vivía en las chozas, los propios guardas en el parque, y que una mujer pudiera tener un problema en el parto y hubiera que sacarla de allí estando los lucios con agua; un auténtico drama. Yo conocí eso, como es natural.

G
Felipe González saluda al guarda José María de Vayas. Foto: Archivo De Vayas.

Hasta que hubo, que vino fundamentalmente con la democracia, conciencia de que a la gente habia que pagarle un sueldo, y tener seguridad social, etc. Por tanto allí había una situación, de un grado superior de la servidumbre de la gleba, pero con el arrastre histórico de 500 años.

La conservación de ese espacio se debe, paradójicamente, a esa estructura enormemente latifundista que viene desde el siglo XV. Sin ese modelo latifundista, consecuencia de un modelo de conquista de la corona de Castilla, no se hubiera preservado nunca lo que es Donaña.

La imagen de Doñana está vinculada a los tratos del Régimen franquista en sus cacerías. Eso no es específico de Doñana. La Escopeta Nacional no se inventa en Doñana, ni Los Santos Inocentes. Es típico de una estructura económico social con una oligarquía dominante en torno a un régimen autoritario, con tradición histórica del siglo XVIII o el siglo XIX, pero también se producía en otros sitios. Para entendernos, si uno tuviera que contar las veces que Franco, como símbolo de ese tipo de poder, fue a Doñana para cazar en relación con las veces que fue a otras fincas de caza, ocurría muy poco, Doñana era periférica y difícil de llegar.

Amplia perspectiva de las dunas y los corrales de pinos. Foto: José María Pérez de Ayala.

El ecologismo no existía para dar réplica al desarrollismo.La figura de José Antonio Valverde resulta clave en eso, debo decir que acompañada de gente a la que no se le ha dado suficiente mérito. Es el caso de la resistencia de un grupo de grandes propietarios relacionado con las bodegas de Jerez, como los González Gordon. El último esfuerzo de los González con Franco fue intentar evitar que aquello se convirtiera en un eucaliptal enorme. La pasión es de Valverde, pero su influencia en la toma de decisiones del Régimen era menor que ese nivel social de resistencia que se produjo desde los propietarios. Además los González siempre estuvieron presentes en el territorio, otros grandes propietarios no.

¿Qué opinión le merece Tono Valverde?Era, en el mejor sentido de la palabra, un bicho raro en la España de la época. Yo cuando me encontraba una persona así decía ‘es un perro verde’, no tiene nada que ver con lo que le rodea. Era bastante visionario, y lo definía una pasión por la defensa de la naturaleza en una sociedad en que el concepto mismo de defensa de naturaleza no existía, existía el hambre, la necesidad y hacer lo que fuera para superar aquello. Un tipo encantador, encantador de trato, a veces con malas pulgas cuando le tocaban su pasión. Un tipo muy especial, pero sólo en torno a figuras de esa naturaleza, con ese carácter, se puede crear algo, una determinada conciencia, dar pequeños pasos, y cuando se dan pequeños pasos que no son reversibles se desencadena un proceso.

Cuando salí del Gobierno y me preguntaban qué echaba de menos, por aquello del síndrome de abstinencia, yo decía: lo único que echo de menos es Doñana. A día de hoy todavía lo pienso.

La playa está de lo más ambientada. Foto: José María Pérez de Ayala.

La presión europea ayudó a salvar Doñana, en España no existían aliados.Sí, pero antes de la presión europea ya los González habían parado sobre todo el desarrollo del eucaliptal. Y a mí me lo han contado varias veces. No quiero dramatizar, pero ellos sí que fueron aliados para hacer esto.

Los biólogos llegan como un ovni. La evolución de España se plasma en el territorio en esos jovenzuelos ilustrados.Es cierto. Para la gente que estaba en el territorio, no digo los propietarios, la irrupción de la Estación Biológica, de científicos trabajando sobre el terreno, produce un choque con su cultura tradicional. La batalla no dramática de la Estación Biológica define la esencia del futuro del parque, cómo se instala allí gente con una perspectiva científica, que fue la primera investigación masiva en España a campo abierto.

¿Cuándo nace la conciencia conservacionista? Cuando choca el desarrollismo en el sentido puro con el desarrollo con una conciencia de equilibrio con la naturaleza. Ese choque se produce, como tantísimas cosas en España, cuando se abre el espacio de libertad de la transición democrática. ¿Cuál es la primera discusión seria de la teoría del conservacionismo en relación con Doñana en el Parlamento? Pues con el gobierno de Adolfo Suárez, cuando hicimos la ley de Doñana. La ley era conservacionismo puro.

La vera, confluencia de ecosistemas. Foto: José María Pérez de Ayala.

Doñana se crea cundo usted tiene 27 años ¿Recuerda que fuera noticia en la calle?No, no, hay que ser absolutamente realista En aquellos años, en el 69, coincide con la declaración del segundo estado de excepción. Tiene que comprender la época, cómo estaba la gente, todavía con mucho miedo al sistema autoritario. Y sus prioridades, sus preocupaciones en cualquier nivel, no pasaban ni con mucho por si el espacio ese que teníamos a mano, que estaba allí, condicionaría nuestra vida futura.

¿Cuándo veranea allí como presidente quiere simbolizar algo? Debería responder sí porque quedaría bien; pero no, no, era la pasión compartida. La primera vez que yo atravesé por la zona pues debería tener 16 o 17 años. Yo estaba enamorado del lugar, lo conozco muy bien.

González con Francois Miterrand en Doñana. Foto: Diario 16.


Escribe un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Un site de Huelva Información