El Coto que no vio Elcano – Doñana 50
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El Coto que no vio Elcano

Una yegua con su perfil mágicamente recortado por la luz en la vera de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Magallanes y Elcano no vieron en 1519 más coto que el que divisa un turista playero insensible del siglo XXI: la línea de horizonte al otro lado del Guadalquivir. En verdad, los descubridores no estaban para excursiones al interior del bosque de las Rocinas, pues iban a zarpar a una misión colosal. Tanto que, de los 237 hombres que partieron, en 5 naos, volvieron 18 y en una, la Victoria.

Antonio Pigafetta fue el ‘periodista’ que acompañó a Magallanes y Elcano en su viaje. El tramo inicial hasta Sanlúcar lo despacha mecánicamente en su diario:

“Descendimos el río Betis hasta el puente del Guadalquivir, pasando cerca de Juan de Alfarache, en otro tiempo ciudad de los moros, muy poblada, donde había un puente del que no quedan más vestigios que dos pilares debajo del agua, de los cuales es preciso precaverse, y para no correr riesgo alguno, debe navegarse en este paraje con la alta marea y ayuda de pilotos. Continuando el descenso del Betis, se pasa cerca de Coria y algunas otras aldeas hasta San Lúcar, castillo de propiedad del duque de Medina Sidonia. Ahí es donde está el puerto que da al océano, a diez leguas del cabo de San Vicente, en el grado 37 de latitud norte. De Sevilla a este puerto hay de diecisiete a veinte leguas.

Algunos días después, el comandante en jefe y los capitanes de las otras naves se vinieron en las chalupas desde Sevilla hasta San Lúcar, y se acabó de vituallar la escuadra. Todas las mañanas se bajaba a tierra para oír la misa en la iglesia de N. S. de Barrameda; y antes de partir, el jefe determinó que toda la tripulación se confesase, prohibiendo en absoluto que se embarcase mujer alguna en la escuadra

Partimos de San Lúcar el 20 de septiembre, dirigiéndonos hacia el sudoeste, y el 26 llegamos a una de las islas Canarias”.

Recreación de la Sanlúcar del siglo XVI. Imagen: Ayuntamiento de Sanlúcar.

Algunos hechos que ocurren en el siglo XVI doñanero

En el siglo XVI ocurren algunos aconteceres en Doñana. No son tan tremendos como los sucesos que se viven en el XXI, pero tienen su aquél. Los valientes Elcano y Magallanes, tan de moda en este año 2019, nos sirven de pretexto para repasarlos.

Toda la zona recibirá diversas denominaciones: Coto Real, Real Bosque y Palacio de las Rocinas, Coto Real del Lomo del Grullo y las Rocinas. El cazadero real terminará por llamarse El Coto del Rey. En 1553 Felipe II ensanchará este Coto en una legua a la redonda.

Testimonio excepcional del uso cinegético que la Casa de Medina-Sidonia hizo del Coto de Doñana, son los primeros versos de la Fábula de Polifemo y Galatea, que Góngora dedicó al Conde de Niebla.

Estas que me dictó rimas sonoras,
culta sí, aunque bucólica Talía,
¡oh excelso conde!, en las purpúreas horas
que es rosas la alba y rosicler el día,
ahora que de luz tu niebla doras,
escucha, al son de la zampoña mía,
si ya los muros no te ven, de Huelva,
peinar el viento, fatigar la selva.

En el siglo XVI Argote de Molina escribe de Las Rocinas en su discurso de la Montería.

Desde la baja Edad Media existen ordenanzas que fomentan la población de pinares. El tercer duque de Medina Sidonia (1579-1636) acotó la finca y puso doce guardas de a pie y a caballo.

En 1575 el comendador Luis Bravo ordena al concejo de Almonte construir 4 torres en la playa por orden de Felipe II (Salavar, Carbonero, La Higuera y río Oro). El cabildo se negó. Al final las tuvo que hacer Medina Sidonia, usando piedra de Chipiona traída en barcos de pesca.

En 1587 el séptimo Duque de Medina Sidonia (que será también Generalísimo de la Armada Invencible, D, Alonso de Guzmán el Bueno, Capitán General de Andalucía), recibe de manos de un guarda la lista de pájaros que anidan en la Laguna de Santa Olalla. Estamos, pues ante un primerísimo documento ambiental en la historia andaluza.

El siglo termina movido, y dando la razón a la construcción de torres vigia: en 1599-1600 se produce el ataque berberisco más relevante, llegando al palacio de Doñana.

Se construye el primer palacio

En 1585 empieza a construirse el palacio de Doñana. El marqués de Borghetto, en su libro, lo sitúa entre 1575 y 1577. Lo ordenó el VII duque de Medina Sidonia, para residencia de su esposa doña Ana de Silva, hija de la princesa de Éboli, que se había mudado a una casa de la reserva de caza.

Recreación de la torre sobre una foto del Palacio. Huelva Información.

Fue en 2008 cuando se pudo comprobar esto. Los muros del Palacio de Doñana dejaron al descubierto la primera prueba de la presencia humana en el espacio natural en la Edad Media, una torre medieval que fue utilizada como mazmorra para los presos que trasladaban desde Sanlúcar de Barrameda hasta Almonte.

Los autores del hallazgo, Juan Luis Carriazo, de la Universidad de Huelva, y Héctor Garrido, de la Estación Biológica de Doñana, indican que «los archivos históricos hablan de la existencia de actividad económica en el coto durante la Edad Media, aunque hasta la fecha no se habían encontrado restos de construcciones que lo corroboraran».

Una vez acabado el palacio, que usan los científicos de la Estación Biológica de Doñana en una tercera parte (las otros dos son de propiedad privada), ocurrieron más hechos. Como el de que, se dice, Goya pintó allí la maja desnuda y la maja vestida con la duquesa de Alba como modelo.

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