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Dibujos como tesis

Uno de los esquemas ecológicos de Valverde para explicar el ecosistema en una imagen. Con líneas de puntos las rutas del lince. Imagen: Familia Valverde.

El dibujo ha sido una herramienta fundamental en la historia de la ciencia naturalista durante siglos, los que transcurrieron sin fotografía. Aunque cuando los primeros científicos propiamente hablando llegan a Doñana –Bernis y José Antonio Valverde en 1952- ya estaba más que presente la cámara de fotos, resultaba un objeto caro y, sobre todo, incapaz de captar algo que transmitía como nadie Tono Valverde: explicaciones de todo el ecosistema.

El primer director de Doñana tenía una extraordinaria habilidad para entender el conjunto de un ecosistema con poco más que varios días de observación y recorrido del entorno. Así lo hizo en África, donde fue un pionero en el área sahariana occidental, y también en Doñana.

Pero, en su caso, venía acompañado de una evidente habilidad para el dibujo. Su padre estudió pintura, aunque sin mucho éxito, y él heredó ese arte. Una curiosidad de su biografía es que tuvo la oportunidad de cambiar la naturaleza por los pinceles. Cuando se examinó de francés a través de la Alliance Francaise, a su ciudad, Valladolid, llega el inspector, Maurice Legèndre. En la charla del examen sale a colación la afición pictórica del naturalista, y Legèndre repasa con pausa algunos de sus dibujos, realizados por la cara limpia de folios usados para otras tareas.

Unos días después llegó de Madrid el aprobado en francés, y la oferta de estudiar la carrera de Bellas Artes con beca completa. Valverde dijo no. A él sólo le interesaba la ecología.

En parte gracias al dibujo acabó conociendo a Luc Hoffman, el mecenas y creador de la reserva de la Camarga

Valverde siempre fue un pícaro, cuando no un auténtico predador de oportunidades. Y le pidió a Legèndre ayuda para solicitar una beca a la Universidad de Toulouse. Era la única manera de permitirse los gastos de ir a la Camargue a estudiar garcillas, a comprobar qué era eso del laboratorio y la reserva natural que allí, una marisma junto al mar, habían creado. Tenía la intuición de que podía ser útil para su querida Doñana. Consiguió la beca, fue a la Camarga, y conoció a Luc Hoffman, el mecenas y naturalista suizo, uno de los grandes benefactores de Doñana.

En todo caso, Valverde era un dibujante rápido, certero y resolutivo. Sus esquemas de ecosistemas, simplificando en una imagen el funcionamiento complejo de una comunidad, vegetal y animal, resultaron un acierto para entender Doñana y divulgarla.

Valverde, cuando quiso conocer la comarca en profundidad, se hizo con la compañía del guarda Clarita, de una mula, y de lápices y papel, para recorrerla en 1958 hasta llegar al arroz que crecía en La Puebla del Río.

Como curiosidad, aquí arriba se aprecia el dibujo inicial que realizó para marcar los límites del parque nacional de Doñana. El espacio fue declarado en agosto de 1969, pero como en el decreto no venían indicados los límites, hubo de publicarse de nuevo en el BOE, ya completo el expediente, el 16 de octubre de ese año. La imagen de al lado corresponde a los límites oficiales de 1969, años después ampliados.

El dibujo, poderosa arma ambiental, sigue vivo. La Asociación de de Artistas de Naturaleza tiene en Doñana uno de sus focos de trabajo. Y realizan trabajos que, sin duda, superan en técnica artística a los de Valverde. Eso sí, el talento ecológico del vallisoletano se halla, de momento, inalcanzado.

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