Rozó el larguero – Doñana 50
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Rozó el larguero

Cientos de flamencos alzan el vuelo en la marisma virgen de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala.

Con su gracejo habitual, el biólogo y escritor Miguel Delibes me contaba así en una entrevista cómo fue, en resumen, el paso de Grande Covián por las marismas a efectos del parque de Doñana: “rozó el poste”. Este ingeniero agrónomo tenía como encargo y misión personal el poner en cultivo a las marismas, esa zona insalubre. Afirma Delibes: “No ganó Grande Covián por… pasó rozando el poste el balón, porque si hubiera empezado unos años antes, pues seguramente Doñana hubiera sido muy difícil de rescatar después”.

En el año 1971 la prensa informaba que los estudios del acuífero bajo Doñana indicaban que era posible poner en regadío 30.000 hectáreas. Resultaba preciso sanear 16.000 ha, es decir, desalinizarlas, operación en la cual el entubamiento del subsuelo (para filtrar la sal y evacuarla hacia el río), y la construcción de muros y canales transformaría por completo las arterias de Doñana. Es decir, acabaría con uno de los ecosistemas del parque nacional sin lugar a dudas.

Fotos inéditas. Grande Covián y otros ingenieros en la marisma Gallega, hoy parque nacional, explorando en 1942 sus posibilidades agrarias. Valverde no llegó hasta 1952. Fotos: álbum familiar.

Ese operativo, el proyecto Guadalquivir-FAO, como se le llamó, conllevaba la inversión de 3.000 millones de pesetas. Tal dineral, como el desarrollo turístico playero en pleno auge (luego se desinfló y Matalascañas acabó como la conocemos), resultaban fabulosos atractivos para la población de la comarca. Evidentemente, el asunto de los pajaritos resultaba, por decirlo sin gruesas palabras, pintoresco y del todo secundario. La lucha sólo podía tener un ganador. Pero no, no ocurrió así.

(Bueno, de momento, la lucha continúa en 2019).

Más detalles de la acampada de Covián. Se trataba literalemente, para los ornitólogos, de la presencia del enemigo público número 1 en el corazón de Doñana.

Ricardo Grande Covián, asturiano, número uno de su promoción de ingenieros agrónomos, era uno de esos personajes de potente personalidad y gran influencia, tanto profesionales como políticas.

En 1952 fue nombrado director del Instituto Nacional de Colonización en Sevilla, hasta 1972. Desempeñó, más tarde, los cargos de inspector general del Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA) en Andalucía Occidental y subdirector general del Ministerio de Agricultura. Redactó numerosos proyectos, entre ellos, el Plan de Colonización de la Zona Regable del Viar, el del Bajo Guadalquivir, el de las Marismas de Sanlúcar de Barrameda y el de la zona regable de Almonte-Marisma.

Su empuje llegaba después de aquella primera intentona, en los años 20 y con resultado en general escaso, capitaneada por una empresa con capital suizo, inglés y alemán. Una historia que se contará en un artículo específico.

Volvamos al asturiano Covián. Ya en 1964 informaba al gobernador y a la prensa de la próxima construcción en las marismas de la orilla izquierda de siete nuevos pueblos: El Trobal, Pinzón, Chapatales, Maribáñez, Trajano, Vetarrado y Los Llanos. Covián no se detenía en su casi evangélica misión agraria.

“La producción de la zona es bajísima, y como consecuencia de ella, el nivel de vida de sus habitantes”, decía la prensa. Pero paliar eso estaba allí Covián y sus tuberías y canales.

Delibes vuelve a recordar su contacto con Grande Covián, quien falleció en 2001: “Un día, yendo al patronato de Doñana en el palacio del Acebrón, llegamos tarde los dos y nos sinceramos mutuamente. Yo le decía, usted sabe que como acaben el plan Almonte Marismas, aunque digan que no se cargan Doñana; él me decía: sí, pero tú sabes que aunque digáis que la conservación va a crear puestos de trabajo, nunca tantos como los que yo puedo crear. Y añade: ¿Y porqué no lo decimos? Yo le respondí: usted primero…”

El ex director de la Estación Biológica de Doñana afirma que Covián “era un hombre con el que se podía hablar. En su escala, lo que fue Valverde para la conservación de Doñana, lo supuso Grande Covián en  lo agrario. Podía haber ganado mucho dinero como ingeniero, pero tan apasionado como era Valverde por conservar aquello, era él por desecar un lugar insalubre y transformarlo en una zona de cultivo”.

Hoy, mirando atrás, parece claro que se trata de una de las personas a las que se pueden adjudicar el logro de más realizaciones concretas en Sevilla, en su apartado agrícola. Un personaje por descubrir. De eso está convencida su familia, que amablemente ha dejado parte del álbum fotográfico para colaborar en esa tarea.

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El progreso avanza. Los agrónomos estudiando con la FAO cómo poner en cultivo la marisma de Doñana.
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