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Historias

La playa virgen del espacio natural de Doñana. Foto: José María Pérez de Ayala. Cuando se dice Matalascañas suenan músicas diferentes según quien oiga tan extraña palabra. Desde paraíso veraniego de la infancia (y adultez), a imperdonable atentado contra Doñana, o centro de las vacaciones del 'miarmismo'. El nacimiento de la macro urbanización de Matalascañas se puede considerar inevitable. Ya acogía a veraneantes desde principios del siglo XX, cuando los habitantes de, al menos, medio pelo económico de los pueblos del entorno se pagaban

Un toro cruza en Doñana la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. En el territorio hostil de la naturaleza virgen, hay un temor que empapa al habitante. Es el miedo a morir, a ser atacado, a la vida salvaje. Doñana hizo pasar por ese trance a quien vivía en ella. Allí han vivido animales que matan, todavía existen algunos. Sin embargo, para sorpresa de muchos, el animal que más muerte y enfermedad ha causado en Doñana y su entorno se fulmina de un manotazo: el

Palacio de Marismillas, propiedad estatal, construido hace un siglo. Foto: José María Pérez de Ayala. El gigantesco e irregular espacio que delimitan los cascos urbanos de La Puebla del Río, Villamanrique, Almonte y Moguer (observen en un mapa lo de gigantesco) ha sido durante siglos una 'terra nullis' en cuanto a poblamiento estable. Además de casas de guardas y chozas de pastores, en los inicios sólo existieron la ermita de El Rocío y dos 'palacios'. Con perdón del yacimiento romano, menor, del Cerro del Trigo. Los

Un mercante parece surcar la marisma. Foto: José María Pérez de Ayala. Al viento y al Guadalquivir se le pueden adjudicar el haber convertido un trozo de Atlántico en un casi lago, el famoso Ligustinus, y posteriormente una marisma. Uno empujaba arena, y el otro aportaba sedimentos. El río ha sido durante siglos sobre todo más frontera que otra cosa para Doñana. Bien lo saben los guardas históricos, que tenían mayores problemas con los furtivos llegados a pie desde el lado de Huelva que con

Los reyes españoles han cazado en Doñana en gran número, desde el siglo XIII. El que más, Alfonso XIII, aunque también lo hizo su nieto Juan Carlos I. El actual rey, Felipe VI, no caza, e incluso tiene notable afición ambiental.

Un toro de la raza mostrenca con un desparasitador en la cabeza. Foto: José María Pérez de Ayala. Antes de convertirse en parque nacional en 1969 Doñana era, además de cazadero de la high class, el lugar de trabajo para muchos de los habitantes del entorno, bastantes de los cuales vivían allí. Hoy día el trabajo dentro del antiguo coto de caza sólo está vinculado a tareas de conservación, de ecoturismo y científicas, y nadie reside dentro, ni siquiera en el palacio de Marismillas, sin

Uno de los esquemas ecológicos de Valverde para explicar el ecosistema en una imagen. Con líneas de puntos las rutas del lince. Imagen: Familia Valverde. El dibujo ha sido una herramienta fundamental en la historia de la ciencia naturalista durante siglos, los que transcurrieron sin fotografía. Aunque cuando los primeros científicos propiamente hablando llegan a Doñana –Bernis y José Antonio Valverde en 1952- ya estaba más que presente la cámara de fotos, resultaba un objeto caro y, sobre todo, incapaz de captar algo que transmitía

La vista aérea de Doñana no se consigue hasta 1956, en el 'vuelo de los americanos'. Pero Héctor Garrido, y otras perspectivas, muestran la belleza del parque desde el cielo.

(Pepe Menegildo cargando bártulos en la playa de Doñana. Foto: Banco de Imágenes del CSIC). En el friso de los personajes legendarios de Doñana que algún día se esculpirá en mármol (o mejor, en madera de sabina), sin duda alguna aparecerá Menegildo, el sanluqueño sin miedos ni normas. Una especie de buen salvaje, pero sólo a ratos. Para ir al centro del asombro, reproduzco cómo lo definió otro que tal calzaba, el propio José Antonio Valverde, que con él tenía unas peleas colosales, en las que