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Historias

La vista aérea de Doñana no se consigue hasta 1956, en el 'vuelo de los americanos'. Pero Héctor Garrido, y otras perspectivas, muestran la belleza del parque desde el cielo.

(Pepe Menegildo cargando bártulos en la playa de Doñana. Foto: Banco de Imágenes del CSIC). En el friso de los personajes legendarios de Doñana que algún día se esculpirá en mármol (o mejor, en madera de sabina), sin duda alguna aparecerá Menegildo, el sanluqueño sin miedos ni normas. Una especie de buen salvaje, pero sólo a ratos. Para ir al centro del asombro, reproduzco cómo lo definió otro que tal calzaba, el propio José Antonio Valverde, que con él tenía unas peleas colosales, en las que

Los primeros turistas que llegaron a Doñana no recalaron en Matalascañas, que ni existía, sino en el Palacio de Doñana cuando ya los gestionaban los biólogos. Y sufrieron el clásico sablazo al viajero en tierra extraña. En verdad, el dinero que se les sacaba tenía como fin la mera supervivencia de la Estación Biológica, creada en 1965 con tan pocos recursos que se improvisó una solución nada ortodoxa. José Antonio Valverde, el primer director de la Estación y del parque, invitaba a adinerados extranjeros

Foto: autor desconocido, del libro 'Paisajes de Andalucía'. La marisma aún virgen, luego arrocera, inundada en invierno. Si se habla de salvación de Doñana cuando se creó el parque nacional en 1969 es por la amenaza que suponían los dos primeros grandes enemigos: el arrozal y el eucalipto. En la España del fin de la guerra, todo suelo debía ser productivo. Esto se convirtió en decretos del Gobierno franquista. Los humedales se desecaban, eran enfermizos y podían ser cultivados. Y plantar árboles madereros, sobre todo